Español: Compartiendo nuestras bendiciones

Por Edgar Ramirez

Director del Ministerio Hispano

En las historias de la Resurrección de Jesús de entre los muertos, parece que siempre hay una constante. Los que son testigos oculares de la Resu-rrección de Cristo siempre salen con urgencia a dar testimonio de lo que vieron –– que Jesús, el maestro está vivo.

De la misma manera María, cuando estaba embarazada de Jesús, no pudo sino espontáneamente proclamar la grandeza de Dios: "Alaba mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador," Lucas 1:46-47. Tal como los Israelitas cantaron a Yahvé al cruzar el mar rojo y verse libres de la esclavitud impuesta en ellos por los egipcios, "Canto a Yahvé, esplendorosa es su gloria, caballo y jinete arrojo en el mar," Éxodo 15:1. Tal como lo haremos el día en que nos veamos cara a cara con nuestro Creador, "Amén, alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén," Apocalipsis 7:12.

El encuentro con Jesús vivo produce un cosquilleo que espontáneamente nos lleva a alabarlo por las maravillas que ha hecho con nosotros, con el Universo, con su amor. Este encuentro es una invitación a proclamar al mundo que Jesús está vivo, una invitación a compartir con mis hermanos y hermanas a través de mi palabra y mis acciones lo que he visto, las maravillas que Dios ha hecho en mí. Y hacemos esto porque sabemos que
ellos merecen, como nosotros, el saberse envueltos por el amor incondicional de Dios Padre en Cristo Jesús.

De alguna manera usted y yo, como los apóstoles, somos corresponsables de la salvación de los demás. Ser discípulos de Cristo nos lleva naturalmente a ser corresponsables del otro, somos corresponsables del Cuerpo de Cristo. La corresponsabilidad son las obligaciones que usted y yo tenemos en común por el uno y por el otro, por toda la Iglesia, todo la humanidad.

Esta corresponsabilidad la practicamos de muchas maneras; la más obvia es dando testimonio por medio de la palabra del mensaje de amor de Cristo: proclamando su palabra. No está de más recordar que las acciones arrastran y que por el amor que nos tenemos unos con otros nos cono-cerán.

Las acciones que nos ayudan a expresar nuestra corresponsabilidad por todos y cada uno de los billones de seres humanos que compartimos el mismo cielo y tierra son el cuidar los recursos naturales que tenemos –– el agua, la comida, el aire; el educarnos en los problemas y realidades de otras culturas y naciones; en ser ciudadanos activos que votan y pagan impuestos responsablemente; al participar como voluntarios en alguna organización social de ayuda para los pobres, los enfermos y los jóvenes; el orar por los menos afortunados, por los que más necesitan la misericordia y amor de Dios; al compartir responsablemente parte de las bendiciones económicas que hemos recibido ya sea en la colecta dominical o al contribuir económicamente en alguna organización que ayude a los más necesitados. Somos corresponsables cuando cuidamos nuestros cuerpos, cuando hacemos el mejor esfuerzo por ser buenos padres, madres e hijos, cuando educamos a los más jóvenes en la fe Cristiana, cuando amamos sin reparo.

Usted y yo estamos invitados con urgencia, hoy más que nunca, a pro-clamar que Dios está vivo, a compartir la buena nueva con todos, no porque tenga que hacerse, sino porque es lo único que podemos hacer ante tantas bendiciones recibidas, aun en medio de las cruces de dolor y sufrimiento. El ser corresponsables con los demás, nosotros mismos y la creación entera, es una forma de no olvidar lo que es importante –– el amor, que entre más se da, más se obtiene.

Edgar Ramirez es el Director del Ministerio Hispano para la Diócesis de Austin. Se le puede llamar al (512) 949-2468 o por correo electrónico a edgar-ramirez@austindiocese.org.

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