Familia: Viviendo cada momento con amor

Por Chris Sperling, LMFT

Columnista Invitado

Hace algunos meses, mi esposa y yo adoptamos a nuestra bebé, Elizabeth Rose. Mientras salíamos de las instalaciones, recuerdo pensar "¿En verdad, nos vas a dejar llevarte a casa?". Cuando llegamos a casa, por primera vez como "mami" y "papi", puse el asiento del bebé con mi nena en él, en el sofá y me senté frente a ella en la mesita de centro. La fotografía de ese instante captó adecuadamente mi pensamiento en ese momento "¿y ahora qué?"

Una noche, en un estado ligero de privación del sueño, mientras la mecía pensaba "no siempre será así". Me gusta cantarle a Eliza-bichito (un nombre de cariño con una larga historia) y una noche me di cuenta de que estaba cantándole una canción estilo country de Trace Adkins –"Vas a extrañar esto." El coro dice así: "Vas a extrañar esto, vas a querer que vuelva, vas a querer que estos días no hubieran pasado tan rápido, estos son tiempos buenos, así que mira bien a tu alrededor, tal vez no lo sepas pero lo vas a extrañar".

Mientras cantaba, lágrimas llenaban mis ojos y disfruté el momento al máximo. Me imaginé ese día, cuando le de pena abrazar a su papi, el día en que se vaya de la casa, y el día cuando la entregue al cuidado del hombre que pasará el resto de su vida trabajando por la salvación de mi bebé. ¡Tengo grandes expectativas para este joven quien probablemente aún está en pañales!

El convertirme en esposo ha sido el llamado más importante que he recibido de Dios, pero no parece tan difícil ni tan provocador de ansiedad como convertirme en el padre de mi bebé.

Cuando la abrazo me doy cuenta de que ella aprenderá a aceptar el amor del hombre con el que se casará en la medida en que yo la haya amado.

La forma en que amo a su madre, la amo a ella y trato a todas las mujeres, de repente cobró un nuevo significado. Después de todo, yo soy el primer hombre que amará y el primero que la amará a ella. Me observará en mis inte-
racciones cotidianas y se formará con la experiencia de mi amor. En muchos sentidos, tendrá una imagen de Dios, el Padre, basada en la experiencia de mi amor. Si soy excesivamente crítico, ella tal vez vea a Dios así. Si me ve tratando a las mujeres como objetos, aprenderá que esa es la manera en que debe esperar ser tratada.

Como su padre, estoy llamado a ser sacramental en sus ojos, es decir, estoy llamado a ser un signo visible del invisible amor de Dios. Estoy llamado a ser un imitador de Cristo y demostrar lealtad a sus enseñanzas. Habrá momentos en su vida en que necesitará que pelee por ella como un hombre fiel a Dios. Estoy llamado a modelar los trazos del hombre al que con orgullo la entregaré algún día – el hombre que la cuidará y continuará amándola de
acuerdo al modelo de Cristo.

Así que, en mis pocos meses de paternidad, he pensado mucho sobre esa pregunta de "¿ahora qué?". He entendido que necesito que Dios derrame su gracia sobre mi y que necesito participar de esa gracia. Y necesito las oraciones de todos mis hermanos y hermanas Cristianos para ayudarme a mí y a mi nena mientras crecemos juntos. Cada noche cuando se acuesta, trato de darle a Eliza-bichito una bendición, que es lo mejor que puede ser un ina-decuado signo del amor que el Padre celestial tiene por ella. De cualquier manera, rezo para que con tiempo ella sepa que he hecho lo mejor posible para amarla como Jesús nos manda en Juan 15:12-13, "Ámense los unos a los otros como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos".

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