Entrevista: El Día de Acción de Gracias es una forma de vida, no solo un día de fiesta

Editora: Señor Obispo, celebramos el Día de Acción de Gracias en unas cuantas semanas. ¿Cómo podemos convertirlo más en un día santo que en un día de fiesta?
Obispo Vásquez: El Día de Acción de Gracias es un día de fiesta nacional maravilloso. Y claro, en este día, recordamos aquel primer Día de Acción de Gracias de los peregrinos que vinieron a este país buscando un nuevo comienzo y una nueva vida por que querían la libertad de dar culto a Dios  a su manera. Ese primer Día de Acción de Gracias fue una expresión de gratitud a Dios por las bendiciones de los frutos de la tierra, los cuales los peregrinos cosecharon con la ayuda de los nativos americanos. Las familias tradicionalmente se reúnen, y como dice el viejo dicho, muchas viajan de regreso a la casa de la abuela. Vemos a familiares que no hemos visto en mucho tiempo. El Día de Acción de Gracias nos juntamos para recordar nuestras historia y nuestras raíces y damos gracias a Dios. ¡Juntarnos como familia y con amigos es algo bueno! Estos encuentros también se convierten en momentos sagrados cuando incluimos a Dios, la oración y el culto. Espero que muchas personas tomen la oportunidad de dar gracias a Dios por sus bendiciones. Podemos hacer de este día de fiesta más un día santo al darnos cuenta de que somos bendecidos y responder con gratitud.

Editora: Estamos llamados a la oración en el Día de Acción de Gracias pero a veces las ocupaciones de la vida se nos atraviesan. Nos despiden del trabajo, el automóvil se descompone, los niños se enferman. ¿Cómo damos gracias incluso cuando la vida es difícil?
Obispo Vásquez: Debemos, primero, darnos cuenta de que la vida en sí misma es un don. No nos creamos a nosotros mismos, Dios nos creó a través del amor de nuestros padres. Somos creados a imagen y semejanza de Dios, pero somos creados de manera que podamos continuar obteniendo la perfección a través de la persona de Jesucristo. Por lo tanto, nos damos cuenta de que en la vida hay bueno y malo y que todos nosotros, alguna vez, pasamos dificultades.
Como San Pablo dice en su carta a los Tesalonicenses, “Regocíjense siempre. Oren sin cesar. En todas las circunstancias den las gracias, por que es ésta la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús”.
San Pablo nos recuerda que la actitud de los Cristianos debe ser de acción de gracias durante toda nuestra vida entera –no solo en los buenos momentos, sino en todas las circunstancias. El Cristiano es quien es capaz de ser agradecido en todos los momentos de la vida. El dolor y el sufrimiento, los gozos y la felicidad que experimentamos, todo puede ser llevado a Dios. Ofrecemos nuestras vidas a Dios para que Él pueda transformarlas. Esto es lo que llamamos “gracia”. Gracia es la habilidad de dejar a Dios tocar nuestras vidas y transformarlas mucho más de lo que hemos anticipado o esperado.
Todos hemos conocido gente que sufre con situaciones dolorosas, tales como enfermedades o la pérdida de un ser amado, y aún así son capaces de continuar viendo la mano de Dios en sus vidas. Estamos llamados a permitir que la mano de Dios toque todas las áreas de nuestras vidas, las buenas y las malas, de manera que su  gracia nos 
pueda transformar y hacernos más como su hijo, Jesucristo.

Editora: Díganos cómo usted, en lo personal, ora en el Día de Acción de Gracias.
Obispo Vásquez: Para mí, la Eucaristía es la principal manera de dar gracias. Por los últimos años,  he viajado a casa para estar con mi familia –mi padre, hermanos y hermanas. Todos nos juntamos y compartimos un alimento. Nosotros, claro, comemos mucho y nos reímos, hablamos y nos sentamos a ver los partidos de futbol – americano - y a disfrutar del recalentado. Pero lo primero que hago antes de tomar camino e ir a ver a mi familia es celebrar la Eucaristía en mi capilla y tomo la oportunidad de orar de manera de que el día comienza dando gracias a Dios. Doy gracias a Dios por el día, especialmente por el mayor regalo de todos, Jesucristo.
Para el momento en que viajo para estar con mi familia, ellos ya han ido a Misa y están ocupados preparando la comida. En mi familia, rezamos juntos para la bendición de los alimentos. Mi padre ofrece la oración por que él es quien ha estado ahí para guiarnos en la vida y enseñarnos la diferencia entre lo bueno y lo malo. Por lo tanto, él es quien eleva nuestra oraciones a Dios como una. Este es un momento maravilloso; ver a mi padre orando con todos nosotros a su alrededor –hermanos, hermanas, sobrinos, sobrinas y amigos, y saber que todos somos parte de una familia y que tenemos esta tradición de nuestra fe, la cual es tan central y esencial para nosotros.

Editora: Explíquenos cómo la Eucaristía es la mejor acción de gracias.
Obispo Vásquez: La palabra “Thanksgiving” (acción de gracias, en inglés) viene de esta palabra “eucaristía”, la cual es una palabra griega  para dar gracias. La acción de gracias es una manera de vivir, no solo un día del año o un cierto evento, sino un continuo acto de dar las gracias. Si hay algún grupo de gente que entiende lo que es dar las gracias, son los Católicos. El centro de quienes somos como Católicos es la celebración de la Eucaristía. El Beato Juan Pablo II dijo muy claramente que la iglesia vive de la Eucaristía y la Eucaristía da vida a la iglesia.
En su encíclica “Ecclesia de Eucharistia”, el Beato Juan Pablo II escribió, “La Misa hace presente el sacrificio de la cruz; no agrega al sacrificio ni lo multiplica. Lo que se repite es su celebración memorial, su “conmemoración representativa,” la cual hace al sacrificio de Cristo uno, el sacrificio redentor definitivo, siempre presente en el tiempo”.
En la celebración de la Eucaristía, damos gracias por el gran acto salvador de Jesucristo. Antes de su propia muerte, Cristo tomó pan, lo bendijo, lo partió y dijo “Éste es mi cuerpo”. Y tomó una copa de vino y dijo, “ Ésta es mi sangre”. Jesús se vació a sí mismo por toda la humanidad y para salvarnos de nuestros pecados. La Misa es la celebración del perpetuo amor de Dios en el regalo de su hijo a nosotros.

Editora: También, al final de Noviembre cerramos el Año de la Fe. ¿Cómo ha sido este año para nosotros como Católicos?
Obispo Vásquez: El Año de la Fe ha sido una bendición para toda la iglesia. Nuestro Papa Emérito, Benedicto XVI comenzó el Año de la Fe pidiéndonos que reaviváramos nuestra fe Católica. Él nos invitó a sumergirnos en la fe y a apreciar más quiénes somos como Católicos y a nuestro amor por Cristo y por su iglesia.
Esta revitalización nos ayuda a convertirnos en fieles testigos y nos ayuda a hablar de Cristo a otros y a compartir los actos de amor y misericordia que hemos recibido de nuestro Salvador. Esta apreciación más profunda de nuestra fe se refleja en cómo vivimos, cómo tratamos a nuestra familia y a nuestros compañeros de trabajo, cómo tratamos a los pobres y cómo nos amamos unos a otros. No podemos mantener nuestra fe contenida y bajo llave o separada de otras partes de nuestras vidas.
A lo largo de la diócesis, he visto gente vivir su fe de maneras vibrantes. He estado impresionado, especialmente con nuestra gente joven en la cual hay un hambre de fe y un deseo de hacer una diferencia. El Papa Francisco ha también animado a la gente a comenzar a examinar su fe. Él nos ha llamado de vuelta a los básicos de la Cristiandad. Él nos llama a una vida más simple, a ser más consciente de los pobres y a ver a Cristo en ellos.

Mientras que el Año de la Fe  se acerca a su conclusión durante la festividad de Cristo Rey, creo que los frutos de este año continuarán siendo experimentados.

Editora: ¿Cuál es su oración de acción de gracias para este mes y el resto del año?
Obispo Vásquez: Oro por que podamos vernos a nosotros mismos como verdaderamente bendecidos por Dios. Que expresemos con corazones agradecidos las bendiciones que Dios nos ha dado. Que mantengamos en mente nuestras muchas bendiciones, que compartamos con aquellos a nuestro alrededor nuestra comida, tiempo, valores, presencia y amor.