Ministerio ayuda a personas a superar su pasado

Por Enedelia J. Obregón
Corresponsal

Fue doloroso ver a Amber removerse un tatuaje del cuello.
Primero, la enfermera Jennie Kunkel aplicó un anestésico tópico en spray, el cual facilitó lo que vino después: Kunkel inyectó otro anestésico justo abajo de la piel alrededor de las líneas restantes de un tatuaje que se desvanecía. Amber hizo una mueca de dolor y clavó sus uñas en la palma de su mano izquierda. Con su mano derecha se agarró de la mano izquierda de su esposo mientras empujaba a su hijita en su carreola con la mano derecha.
La inyección hizo que el siguiente paso fuera soportable – la asistente de enfermería certificada Jan Arensman usó una máquina de mano de rayos infrarrojos para borrar la tinta en los tatuajes y que causa que los tatuajes se desvanezcan en unas cuantas semanas. Un sonido la sorprendió.
“Es sólo un cabello,” Arensman aseguró a Amber mientras continuaba el proceso. 
Amber espera que este sea el ultimo tratamiento que necesita. Remover un tatuaje lleva muchos tratamientos por que sólo un área del tamaño de un juego de cargas puede ser hecho a la vez. Los tratamientos han valido la pena para Amber  para separarse de su vida previa y las “estúpidas decisiones” que alguna vez tomó, dijo.
Después de que le dieran un vendaje compresivo e instru-cciones para su cuidado, Amber sale por la puerta, esperando ésta sea su última visita.
Kunke y Jan Arensman, Junto con Julie Arensman y la fundadora Jeanne Arensman, son parte de St. Dismas 
Tattoo Removal Minsitry en Mart. Kunkel es una parroquiana de la Parroquia de  St. Louis en Waco, Julie Arensman es una parroquiana de la Parroquia de St. Joseph en Elk, y Jan Arensman y Jeanne Arensman –madre de Jan y Julie- son parroquianas de la Parroquia de St. Mary en Waco.
El ministerio, nombrado  así por el ladrón crucificado junto a Jesús que pidió perdón, ofrece el servicio gratuitamente. Dermatólogos cobran hasta $100 dólares por pulgada cuadrada por sesión para remover un ta-tuaje. Los miembros del ministerio han recibido entrenamiento y pagan solo por los suministros médicos y las medicinas usadas.
Ellos llevan su ministerio al cercano Departamento de Justicia Juvenil de Texas en Gatesville el Segundo sábado del mes para dar a jóvenes la opción de deshacerse de tatuajes de banda antes de ser puestos en libertad. Si conservan sus tatuajes, están en riesgo de ser “reclamados” por las bandas en sus vecindarios.
El primer sábado de cada mes, ofrecen el servicio de remover tatuajes en St. Peter Catholic Center en la Universidad de Baylor, para adultos que han adquirido tatuajes en prisión y quieren un nuevo comienzo. Cada tatuaje requiere muchos tratamientos y deja un área descolorida que es sensible a la luz del sol. Lleva más tiempo remover de la piel tintas tales como la roja y la amarilla.
Rob, 39, es uno de esos adultos que decidieron desha-cerse de algo de tinta después de salir de la prisión federal. Originario de Waco, ha estado fuera de prisión por cinco años después de servir más de seis años de una sentencia de ocho años.
Fue un tatuaje en su pecho con dos corazones juntos con su nombre y el de su primera esposa lo que lo trajo a St. Peter Catholic Center bajo la insistencia de su actual esposa con quien se casó al dejar la prisión. Le tomó cinco tratamientos deshacerse de los nombres en los corazones, los cuales permanecen.
“Me tatué por que era una manera de mantenerla conmigo y mantener mi matrimonio andando,” dijo “no estoy glorificando lo que hice, ni recomendando lo que hice”.
Él fácilmente pudo haber contraído hepatitis o SIDA, una realidad de los tatuajes de prisión, los cuales van en contra de las reglas de la prisión pero se hacen entre rondas de guardias. Los artistas tatuadores usan he-rramientas crudas tales como engrapadoras o seguros y tinta de plumas o cartuchos de impresoras que ellos roban. Los artistas tatuadores son pagados con objetos de la comi-saría.
Rob tiene un segundo ta-tuaje en su biceps izquierdo que cuenta la vida en prisión. Hay una torre y una guardia significando la constante vigilancia; un reloj con una cadena, un símbolo del tiempo que están encarcelados; un calendario, un símbolo del tiempo transcurrido tras las rejas; una mascara triste y una máscara feliz; un alambre de púas, que rodea a todas las prisiones.
Este tatuaje se quedará. Tomaría más tiempo y puede ser cubierto con la manga de la camisa, de manera que no sea visible en el trabajo, lo cual lo pone en ventaja con la mayoría de los que una vez estuvieron presos. 
“Voy en una mejor dirección de en la que iba anteriormente” dijo. “Empecé como mesero y ahora soy gerente”.
El hijo menor del dueño del restaurante era su mejor amigo y le dieron una segunda oportunidad. También lo hicieron su madre y su actual esposa, con quien se casó hace un año. 
Está tratando de hacer las cosas bien por su hijo de 15 años.
“Él Estaba en el pre-kinder cuando entré –a la cárcel-,” Rob dijo. “Estaba en sexto grado cuando salí. Me perdí todos esos años”.
Ni su familia ni sus amigos sabían lo que estaba haciendo y estaban sorprendidos cuando fue arrestado a los 24 años.
“Me apoyaron con cartas y llamadas telefónicas,”dijo. Los amigos de sus padres le dijeron que tendría un trabajo cuando saliera.
“No sé lo que haría sin un trabajo,”dijo Rob, quien apren-dió jardinería y cómo poner concreto en prisión. “Si tuviera que, trabajaría en dos o tres trabajos”.
Él atiende la iglesia y ha permanecido limpio y no está más en libertad condicional.
Son las historias de éxito como la de Rob las que animan a los miembros del ministerio de St. Dismas. El ministerio fundado hace seis años este mes, fue iniciado por la tragedia de un hombre joven que conocieron cuando eran voluntarios en el Ministerio de Prisión  del Departamento de Justicia Juvenil de Texas. Ahí lo vieron regularmente en Misa y rezando el Rosario.
“Era del Valle y ahí regresó,” Jeanne Arensman dijo. “Estaba haciendo todo bien: Tenía un trabajo de tiempo parcial, estaba yendo a la iglesia y tomando clases nocturnas“.
Su madre les dijo que miembros de la banda a la que su hijo había pertenecido habían venido a buscarlo, pidiéndole que hiciera algo que él no deseaba hacer y que le dijeron “tu nos perteneces”. Cuando él se negó, fue atropellado por un auto y asesinado mientras caminaba a casa desde su trabajo.
“La gente joven no se da cuenta de que los tatuajes de banda significan que les perteneces,” dijo Jeanne Arensman. “Sólo hay una manera de salirse de una banda”.
Jeanne Arensman aprendió sobre el programa para remo-ver tatuajes gratuitamente, comenzado por  el Dr. Tobert S. Wilkinson, un dermatólogo en Bandera, a quien se da crédito de haber inventado el proceso para remover tatuajes. Ellos fueron entrenados por él sobre cómo usar el Coagulador Infrarrojo Redfield.
“Cuando removemos ta-tuajes de banda, les ofrecemos la oportunidad de empezar de nuevo,” Kunkel dijo. La mujeres se remueven tatuajes de áreas visibles de manera que los tatuajes no les impidan conseguir un trabajo o entrar a la milicia. Hay algunas excepciones a la regla, tales como mujeres abusadas que son con frecuencia marcadas como si fueran ganado.
“Sus abusadores las obligan con frecuencia a tatuarse sus nombres o hacerse otros 
tatuajes,” dijo. “Eso es para mostrar que esas mujeres les pertenecen. Con frecuencia tenemos trabajadores sociales llamándonos sobre éstas cosas. Quitarse un tatuaje las libera de su abusador”.
Obtener financiamiento para el ministerio también ha sido una lucha, pero Jeanne Arensman es persistente. Cuando tuvo problemas juntando los últimos $1,500 dólares para el sistema infrarrojo, el cual costaba $8,200 dólares hace seis años, escribió una carta al Arzobispo Gregory M. Aymond, entonces obispo de la Diócesis de Austin. Él le envió un cheque personal por la suma.
Aquellos que desean remover un tatuaje, pueden escribir al ministerio y pedir una aplicación o llamar al (254) 876-2277. Las formas le serán enviadas por corro y deben ser llenadas para poder ser conside-rados. Se requiere hacer cita y se agendarán después de haber recibido la aprobación. Para hacer una donación a St. Dismas Tattoo Removal Ministry, envíe cheques al P.O. Box 68, Mart, TX 76664.
Ayuda también se encuentra disponible en el Central Texas Tattoo Removal Project. Se requiere hacer cita. Llame al (512) 412-0788 o visite www.cttrp.org para mayor información.

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