Entrevista: Los inmigrantes necesitan nuestro amor, compasión y ayuda

Editora: Señor Obispo, en las noticias últimamente estamos escuchando más y más sobre los niños que están viniendo a Estados Unidos sin documentos y sin la compañía de un adulto. Díganos sobre estos jóvenes inmigrantes.
Obispo Vásquez:
Sí, durante los últimos años ha habido una afluencia de jóvenes, menores de 18 años e incluso algunos tan jóvenes como de 10 años de edad, buscando entrar a los Estados Unidos. Estos niños no vienen acompañados por sus padres y están literalmente caminando para llegar aquí desde sus países en América Central y del Sur. La mayoría de ellos vienen del El Salvador, Guatemala y Honduras y vienen por diversas razones.
Ellos están buscando escapar de las terribles y aterradoras situaciones en sus países, donde están siendo presionados a unirse a bandas y a vender drogas. Algunos de estos jóvenes están escapando de la violencia o tratando de evitar la prostitución. Algunos de ellos están viniendo a Estados Unidos por que quieren reunirse con sus propios padres. Ellos quieren ser parte de una familia otra vez.
Estos jóvenes están tan desesperados por escapar de la violencia de sus propios países o por estar con sus familias otra vez, que literalmente están dejando sus hogares con solo lo que pueden cargar. Ellos vienen a Estados Unidos con la esperanza de crear una mejor vida para ellos mismos y para sus seres queridos.
Esta afluencia de jóvenes inmigrantes es algo muy importante para nosotros como Católicos sobre lo cual hablar por que es una preocupación humanitaria para todos nosotros. Mucha gente ve esto como un problema. Pero estos no son problemas, son personas que tienen sentimientos y sueños y que están tratando de sobrevivir. Ellos vienen aquí con esperanza, pero para llegar aquí tienen que soportar terribles pruebas y muchos han muerto en el proceso. Muchos se han enfermado, personas han tomado ventaja de algunos, y muchos han sufrido abusos a lo largo del camino.
Esta es una terrible y aterradora situación para estos jóvenes, y es importante para nosotros estar concientes de sus necesidades y mostrarles compasión. En el Evangelio de Mateo, Jesús nos dice que cuando damos la bienvenida al extranjero, le damos la bienvenida al mismo Jesús. “Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve desnudo y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver” (Mt 25:35). Hemos de estar abiertos y de recibir a las personas que llegan, sean como nosotros o no. La Escritura dice claramente que en estas personas Cristo está presente. Cuando miramos a los ojos de estos individuos, estos niños que han viajado de tan lejos siguiendo sus sueños, vemos a Cristo mirándonos a nosotros. 
Además, el Catecismo de la Iglesia Católica dice, “Las naciones más prósperas están obligadas, mientras les sea posible, a dar la bienvenida al extranjero en busca de seguridad y maneras de obtener el sustento, las cuales no pueden ser encontradas en su país de origen. Las autoridades públicas deben velar por ello, por que el derecho natural sea respetado de acomodar a un huésped bajo la protección de aquellos quienes lo reciben”(2241).
Algunos pueden alegar que no podemos recibir a estos niños, pero estamos pidiendo a Turquía, Líbano y Jordania que reciban a cientos de miles de refugiados huyendo de la violencia en Siria ¿Cómo podemos pedirle al mundo que haga algo que nosotros mismos no estamos dispuestos a hacer?
El Papa Francisco ha hablado sobre los inmigrantes y nos ha pedido muchas veces durante el último año que abramos nuestros corazones ante su situación y apuro. Particularmente en Lampedusa en julio pasado, el Papa Francisco nos advirtió en contra de la indiferencia: “hoy nadie en nuestro mundo se siente responsable; hemos perdido el sentido de responsabilidad por nuestros hermanos y hermanas…. No es nuestra responsabilidad, y con ello nos sentimos seguros y aliviados. La cultura del confort, la cual nos hace pensar solo en nosotros mismos, nos hace insensibles a los gritos de otras personas, nos hace vivir en burbujas de jabón las cuales, aunque adorables, son insustanciales; ellas 
ofrecen una ilusión vacía y efímera que resulta en indiferencia hacia los otros; en verdad, incluso llevan a la globalización de la indiferencia”.
Nuestro Santo Padre nos invita a pelear contra la indiferencia y a alcanzar a aquellos necesitados con amor y compasión, “estos hermanos y hermanas nuestros estaban tratando de escapar de situaciones difíciles para encontrar algo de serenidad y paz; ellos estaban buscando un lugar mejor para ellos mismos y sus familias, pero en lugar de eso encontraron la muerte ¿Con qué frecuencia la gente así no logra encontrar entendimiento, no logra encontrar aceptación, no logra encontrar solidaridad?, y entonces ¡sus gritos se alzan hacia Dios!”

Editora: ¿Cómo podemos ayudar a estos jóvenes? ¿Cuáles son algunas de las cosas que podemos hacer?
Obispo Vásquez:
Creo que nuestro primer reto, como lo dice el Papa Francisco, es pelear contra la indiferencia e involucrarnos o informarnos sobre lo que está pasando sobre el tema de la inmigración. En nuestro propio país, sabemos que la política de inmigración está rota, y todo mundo lo sabe. Ambos partidos, los Republicanos y los Demócratas han dicho esto muy claramente. La actual administración lo ha dicho una y otra vez, y aún así nadie parece poder moverse para tratar, al menos, de crear una nueva política que aborde estos temas particulares. Por lo tanto, es importante que nosotros como Católicos, como gente de buena voluntad, invitemos a nuestros líderes gubernamentales a componer el sistema de inmigración en nuestro país.
¿Cómo ayudamos a estas personas? Miles de niños pequeños cruzan nuestras fronteras cada año. Este no es “el problema del gobierno,” no es un “problema de un estado fronterizo,” y no es un “problema de un partido en particular”. No, esta es una situación donde todos nosotros tenemos que estar involucrados y realmente preocupados por el bienestar de nuestros hermanos y hermanas. Esta gente está sufriendo y necesitan nuestra ayuda. Necesitamos pedir a nuestros oficiales estatales y nacionales que verdaderamente trabajen en intentar crear una política que aborde nuestro roto sistema de inmigración.

Editora:¿Cuál es su oración por aquellos que están dejando sus países de origen por su propia seguridad y libertad?
Obispo Vásquez:
Pido la pro-tección de Jesús, María y José para estos inmigrantes. La Sagrada Familia fue inmigrante en el momento inicial del nacimiento del propio Jesús. Ellos tuvieron que dejar su país natal e ir a una tierra extranjera por que estaban siendo perseguidos y la violencia los perseguía con el propósito de destruir la propia vida de Jesús.
Muchos de estos niños vienen a Estados Unidos por exactamente la misma razón. Están siendo perseguidos. Hay violencia en sus pasados. Ellos solo quieren encontrar un lugar donde puedan comenzar de nuevo y tener una buena vida. Cada persona merece lo mismo. Ellos – los inmigrantes – merecen tener un buen hogar y un lugar para criar a sus familias. Así que esta es mi oración, a través de la intercesión de Jesús, María y José, que estos jóvenes encuentren protección y sean bienvenidos en nuestro país y no sean tratados como problemas, o dificultades o cargas.

Editora: Por aquellos que trabajan en ministerios para ellos y los ayudan a cumplir sus sueños, ¿Cuál es su oración?
Obispo Vásquez:
Mi oración es por que ellos abran sus corazones a esos individuos, de nuevo, para verlos como personas y no como problemas. Cuando veo los rostros de estos jóvenes en la televisión o en el periódico se me rompe el corazón. Ellos están exhaustos, cansados, hambrientos, sedientos y muchos de ellos enfermos. Necesitan atención. Necesitan ayuda. No necesitan ser tratados como prisioneros o personas subsidiarias. Estas son personas como nosotros, a quienes Dios les ha dado dignidad y valor. Por lo tanto, oro por que todos les mostremos el amor y el respeto que Dios nos concede diaria-mente.