Entrevista -- El Purgatorio: el estado final para lograr la santidad

Editora: Comenzamos cada Noviembre con la Festividad de Todos Los Santos el 1ero. de noviembre y la de Los Fieles Difuntos el 2 de noviembre. Por favor comience explicando el significado de estas festividades y la diferencia entre ambas.
Obispo Vásquez:
La Solemnidad de Todos Los Santos es una fiesta importante para los Católicos por que recuerda a todos aquellos hombres y mujeres santos (conocidos y desconocidos) que creemos que están ahora con Dios. Ellos fueron hombres y mujeres  de diferentes países y culturas; algunos fueron pobres, otros fueron religiosos, algunos esposos, esposas, niños y gente joven. No importa cuál fue su estatus en esta vida terrenal, ellos revelaron a Jesucristo a través de la santidad de sus vidas. En Todos Los Santos recordamos a aquellos hombres y mujeres que a través de la historia de la iglesia han vivido sus vidas de tal manera que fueron reflejo de la presencia de Cristo en el mundo y creemos que por su santidad ellos verdaderamente están con Dios.
La Fiesta de los Fieles Difuntos recuerda a todas las almas en el purgatorio, y en particular a nuestros propios seres amados fallecidos –nuestros hermanos, hermanas, parientes y amigos a quienes recordamos y a quienes esperamos que Dios haya abierto las puertas del Cielo. Nuestra esperanza y oración por ellos es que Dios los reciba en su presencia para estar con él por toda la eternidad. Durante estas dos festividades tan especiales,  celebramos la comunión de los santos, la cual es la unión de todos los santos en el Cielo, los fieles en la tierra y las almas en el purgatorio.

Editora: En la celebración de Todos Los Santos se nos recuerda orar por las almas en el purgatorio ¿Por qué?
Obispo Vásquez:
Creemos que aquellos que murieron en un estado de gracia pero cometieron pequeños pecados entran al purgatorio a ser purificados. Esto quiere decir que nosotros, como Católicos creemos que tiene que haber un proceso de purificación antes de que entremos en la presencia de Dios. Nadie es perfecto, e incluso si morimos en un estado de gracia, puede que aún haya imperfección en nuestras almas.
Como el Catecismo de la Iglesia Católica enseña, “Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque estén seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo”. Este estado es lo que llamamos purgatorio, o el proceso de purgarse – purificarse de manera en la que nuestra alma completa esté completamente en sintonía con Dios, y esté completamente enamorada de Dios.
No alcanzamos la perfección de un momento a otro, sino que conlleva una vida entera deseando ser perfeccionado y el único que nos puede perfeccionar es Dios. No es algo inmediato. Ya que somos seres históricos, toma tiempo para que cada individuo alcance ese punto de perfección. Aquí debemos también de recordar que Dios es el único que puede realmente hacernos perfectos.
Es por la gracia de Dios que somos perfeccionados y bienvenidos en su presencia.
La enseñanza de la iglesia sobre el purgatorio puede ser controversial con frecuencia por que la gente no puede encontrar una referencia directa sobre el purgatorio en la Escritura, pero existen alusiones a él en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento. Sabemos que Jesucristo murió en la cruz para salvarnos del pecado. Sin embargo, también sabemos que la santidad no puede ser obtenida inmediatamente; por lo tanto, Dios trabaja con cada uno de nosotros para llevarnos a la santificación. Creemos que el purgatorio es el estado final para obtener la santidad.
San Juan Pablo II enseñó sobre el purgatorio durante una audiencia general en 1999. “La Sagrada Escritura no enseña que debemos ser purificados si es que vamos a entrar en una unión completa y perfecta con Dios. Jesucristo, quien se convirtió en la perfecta expiación de nuestros pecados y puso sobre si mismo el castigo que nos correspondía, nos trae la misericordia y el amor de Dios. Pero antes de que entremos en el Reino de Dios, cada rastro de pecado dentro de nosotros debe ser eliminado, cada imperfección en nuestra alma debe ser corregida. Esto es exactamente lo que ocurre en el purgatorio. Aquellos que viven en un estado de purificación después de la muerte no están separados de Dios sino que están inmersos en el amor de Cristo. Ni están separado de los santos en el cielo – quienes ya gozan de la vida eterna – ni de nosotros en la tierra- quienes continuamos nuestro viaje de peregrinaje hacia la casa del Padre. Todos permanecemos unidos en el Cuerpo Místico de Cristo, y podemos, por lo tanto, elevar nuestras oraciones y buenas obras en nombre de nuestros hermanos y hermanas en el purgatorio”.
Sabemos que nosotros como seres humanos somos creados por Dios para estar con él por la eternidad. Pero todos realizamos elecciones que, o nos llevan más cerca de Dios o nos separan de él. Hay días en los que nos volteamos por completo hacia Dios. Nos entregamos a nosotros mismos a él de una manera más completa, y al día siguiente fallamos terriblemente y pareciéramos irnos por el otro camino. Esto es por lo que necesitamos, por supuesto, el sacramento de la reconciliación y la misericordia de Dios.

Editora: ¿Cuáles son algunas maneras en las que podemos orar por todas las almas que se encuentran en el purgatorio?
Obispo Vásquez:
Una de las maneras más importantes es en el Día de Los Fieles Difuntos cuando elevamos nuestros sacrificios y nuestra celebración de la Eucaristía. La celebración de la Eucaristía es la principal manera de interceder y orar por las almas en el purgatorio. Durante cada Misa, oramos a Dios que las libere del purgatorio de manera que puedan descansar por toda la eternidad con Dios. Debemos orar cada día por las almas que se encuentran en el purgatorio por que nuestra esperanza es que algún día alguien va a recordarnos a nosotros.
Otra manera excelente es visitando el cementerio y pasando tiempo ahí recordando y orando a nuestros seres queridos que han fallecido. Dejando flores en sus tumbas y recordando las cosas hermosas que Dios hizo a través de ellos que nos ayudaron a crecer en nuestra fe Católica, son maravillosas maneras en las que podemos orar por aquellos en el purgatorio. El rosario es otra hermosa manear de recordar y orar por nuestros queridos difuntos.

Editora:  Casi todos nosotros hemos sufrido la muerte de un ser amado y mientras las fiestas decembrinas se acercan, nuestra pérdida con frecuencia se siente magnificada ¿Cómo podemos ofrecer consuelo a aquellos que están sufriendo?
Obispo Vásquez: Somos afortunados de que el calendario de la iglesia celebre anualmente las Festividades de Todos Los Santos y de Los Fieles Difuntos. Mientras que nos aproximamos a las fiestas decembrinas, estas festividades son una buena manera para que recordemos a nuestros queridos difuntos. Durante las fiestas, puede haber una sentido más enfatizado de pérdida y separación de ellos. De cualquier manera, nosotros como Cristianos creemos en la resurrección de los muertos, la cual profesamos durante el Credo cada domingo. Creemos que, un día, vamos a volver a ver a esos seres amados otra vez. Esperamos con ansia ese día en el que todas las lágrimas serán borradas.
Sí, es humano extrañar a aquellos que hemos perdido, pero somos gente de esperanza. Seguimos adelante con firmeza en la creencia de que veremos al Señor otra vez y de que veremos a nuestros queridos difuntos otra vez  y estaremos unidos con el Señor.

Editora: ¿Cuál es su oración por todos aquellos que se encuentran sufriendo la muerte de un ser querido o por las almas del purgatorio?
Obispo Vásquez:
Oro por que todos experimentemos el consuelo. Que nosotros, por supuesto, encontremos consuelo en nuestros hermanos y hermanas que están aquí con nosotros y que encontremos consuelo en la vida de los santos. Que encontremos consuelo especialmente a través de nuestra Bendita Madre María, quien experimentó la muerte de su Hijo en la cruz. Oro por que todos los que sufren por la muerte de un ser querido tengan esperanza de que un día estaremos todos reunidos con nuestro Dios amoroso y misericordioso en el Cielo. Durante noviembre, celebremos el don de la vida eterna con Dios, el cual Jesucristo ofreció a toda la humanidad.