Para traer la paz hay que destruir el odio y no a los enemigos, dice el predicador del entorno del papa

Por Carol Glatz
Catholic News Service

La paz no se alcanza deshaciéndose de los enemigos, sino que viene de destruir toda clase de odio por medio de la oración, por medio del diálogo y de la amistad, incluyendo la iglesia y la Curia Romana, dijo el predicador del entorno del papa.
Jesús nos enseña que la paz es el fruto de una clase especial de victoria: "la victoria sobre uno mismo, no sobre los demás; una victoria espiritual y no militar", expresó el padre capuchino Raniero Cantalame-ssa ante el grupo formado por el papa y otros altos dignatarios del Vaticano.
El padre Cantalamessa, predicador del entorno del papa, pronunció su segunda reflexión de Adviento del 2014 ante un grupo formado por el papa y sus allegados más próximos, el 12 de diciembre, e hizo hincapié sobre el dón de la paz y el deber cristiano de actuar como mensajeros de paz.
Los cristianos tienen la obligación de ser vivientes ejemplos de paz, especialmente hacia sus hermanos y hermanas Católicos, dijo. Todo, en cada tiempo y circunstancia, debe de estar rodeado de un espíritu de fraternidad, sea en las congregaciones religiosas, el Sínodo de los obispos o la Curia Romana.
“Si lo que Jesús dijo de que: ‘Todos ustedes son hermanos’ no se aplica dentro de la iglesia entre el círculo más íntimo de sus ministros, ¿a quién se le va a aplicar?," preguntó retóricamente el padre capuchino.
El Espíritu Santo tiene el poder de inspirar a ambos lados de una disputa y transformarlos completamente: apartándolos de sus propios intereses y vanidad y haciendo que se centren de nuevo en Cristo, dijo.
"Toda iniciativa, incluyendo la más espiritual; por ejemplo, la nueva evangelización, puede convertirse ya sea en Babel (confusión) o en Pentecostés (iluminación)," dijo. "Si se convierte en Babel, todo mundo busca la fama para sí mismo; si se convierte en Pentecostés, a pesar del deseo natural de tener éxito y de recibir aproba-ción, puede uno rectificar sus propias intenciones, colocando la gloria de Dios y el bien de la iglesia sobre los propios deseos".
El Espíritu Santo no erradica las diferencias, dijo; las personas son libres de expresar sus convicciones con respeto y libertad, sostener debates y llegar a una solución, anunciando, como se dice en los Actos de los Apóstoles: "Esta es una decisión del Espíritu Santo y de nosotros".
"¡Qué regalo más grande sería para la iglesia si los miembros (de la Curia) fuesen un ejemplo de fraternidad! Y esto ya existe, por lo menos en mayor medida de lo que el mundo y los medios de difusión nos hacen creer," dijo, "pero siempre debe de haber más fraternidad".
"Hemos visto que la diversidad de opiniones no debe de ser un obstáculo insalvable," dijo.
Con la ayuda del Espíritu Santo, dijo, todos le pueden dar el primer lugar a Jesús y al bien de la iglesia.
El padre Cantalamessa dijo que estaba seguro de que las palabras de San Pablo "también expresan el deseo del Santo Padre hacia sus colaboradores y todos nosotros".
Este método derivado del Evangelio de destruir el odio y no a los enemigos "es también valioso en la arena política," dijo, recordando la reacción que tuvo Abraham Lincoln ante las críticas de los que decían que era demasiado cortés con sus enemigos políticos y no seguía el consejo de mejor destruirlos.
Y se dice que el entonces presidente de los Estados Unidos había dicho: "¿Y no destruyo a mis enemigos al momento de hacerlos mis amigos?," dijo el padre Cantalamessa.

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