Conociendo al Obispo Daniel E. García

Su Excelencia Monseñor Daniel E. Garcia, D.D. (Foto por David DiCarlo)

Editora: El día 21 de enero, el Papa Francisco lo nombró el primer obispo auxiliar de la Diócesis de Austin ¿Qué significó este nombramiento para usted?
Obispo García:
Primeramente, estoy muy agradecido con nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, por designarme a servir al lado del Obispo José Vásquez en esta diócesis en la que nací y crecí. Servir como obispo auxiliar me da la oportunidad de asistir al Obispo Vásquez. Él, por supuesto, continuará pastoreando a la Diócesis de Austin, y ahora, con mi ayuda, podremos estar presentes en aún más segmentos de la población a lo largo del Centro de Texas.
A nivel personal, como obispo auxiliar, estoy comenzando a comprender lo que significa, geográficamente, servir a un grupo grande de personas. Como un pastor de muchos años, estaba acostumbrado a servir a la parroquia local, la cual era muy pequeña geográficamente. Ahora, primero como vicario general y más aún como obispo auxiliar, estoy conociendo más personas y sirviendo a más personas de todo lo largo de la diócesis mientras asisto a varios eventos y sirvo en comités.

Editora: Usted ha mencionado previamente que valora el consejo y la dirección de varios sacerdotes, a quienes usted considera sus mentores. Díganos un poco sobre esto.
Obispo García:
Tal como lo dije el 21 de enero durante la conferencia de prensa, durante los 26 años en que he sido sacerdote, he tenido maravillosos ejemplos de sacerdotes y obispos, jóvenes y mayores, vivos y ya fallecidos, que han modelado para mí lo que es el servicio sacerdotal. Ellos, tanto como la gente a la que he servido, me han dado la oportunidad de ser el sacerdote que soy hoy. Estoy especialmente agradecido por el amor y apoyo de todos mis hermanos sacerdotes en la Diócesis de Austin.
A través de los años, he trabajado con muchos sacerdotes, a quienes considero mis mentores.  Es probablemente comparable a cuando te conviertes en padre o madre por primera vez y buscas a tus amigos que ya tienen hijos para hacerles preguntas y buscando consejo. Bueno, de diversas maneras, como sacerdote, he volteado con frecuencia hacia mis compañeros sacerdotes buscando su consejo y apoyo. También he sido bendecido con trabajar de cerca con muchos obispos, con muchas cualidades todos ellos, que realmente admiro.
Cada uno de ellos me ha demostrado, en su propia manera, - lo que es - el papel de un obispo y cómo éste sirve a su gente. Mientras asumo este nuevo papel de obispo auxiliar, espero poder recoger un poco de lo que admiro de ellos y traerlo a mi rol. 

Editora: Díganos algo sobre su infancia.
Obispo García:
Nací en Cameron, el cual es un pequeño pueblo del Condado Milam, aproximadamente 30 millas al Sureste de Temple. Mi familia de hecho vivió en Waco por cinco años hasta que estuve listo para empezar la escuela. Mis padres querían que fuera a una Escuela Católica, así que nos mudamos de vuelta a Cameron para que yo pudiera comenzar a asistir a la Escuela Católica de St. Anthony, la cual estaba conectada a la Parroquia de Santa Mónica. Como familia asistíamos a la Parroquia del Sagrado Sacramento en Cameron, la cual fue más tarde destruida en un incendio. 
Nuestra fe era central para nosotros como familia. Nuestros abuelos nos inculcaron la importancia de nuestra fe y del servicio a los demás. 
Diariamente, ellos ejemplificaban el llamado de Jesús a amar a Dios y al prójimo.
Mi familia extendida era muy grande, por lo tanto, en momentos felices y en tiempos de crisis el apoyo familiar estaba siempre presente. Del mismo modo, al crecer en un pueblo pequeño como Cameron, las expresiones de fe de varias culturas – alemana, checa e hispana – fueron una bendición para mí.

Editora: ¿Por cuánto tiempo atendió usted la Escuela Católica?
Obispo García:
Atendí la Escuela de St. Anthony, la cual era dirigida por las Hermanas de la Divina Providencia de San Antonio, por cinco años, de 1966-71 hasta que la escuela cerró. Entonces mis hermanas y yo fuimos a la escuela pública. Fue un gran cambio ir de la Escuela Católica a la escuela pública. Ya que yo había jugado béisbol desde los 6 años, conocía a muchos de mis compañeros de clase, lo que ayudó a hacer más fácil la transición de la escuela Católica a la pública.

Editora: Díganos sobre su di-scernimiento al sacerdocio.
Obispo García:
Como todo joven, tuve muchas ideas sobre lo que iba a hacer con mi vida. Siempre dije que quería convertirme en doctor, y la idea de vivir una vocación en la iglesia no fue algo que yo viera para mi mismo. Los sacerdotes que conocía bien siempre me animaron a considerar ser activo en la iglesia y a estar abierto al llamado de Dios. Hubo momentos en los que recuerdo, en mis días de preparatoria, hubo sacerdotes preguntándome,  “¿por qué no vas al seminario?” o “¿Considerarías el semina-rio?” Rápidamente yo descartaba esas preguntas por que el sacerdocio no estaba en mi radar en ese momento.
Después de un par de años en la universidad y al volver a casa para trabajar en el hospital local, a la edad de 21 años más o menos, comencé a preguntarme a mi mismo sobre algunas cuestiones difíciles. Fue en este momento, en el que me di cuenta de que mi corazón estaba mucho más abierto a explorar el sacerdocio. Naturalmente me involucré más con la iglesia como un joven adulto. Sin duda alguna, mi pastor en esa época, Monseñor Louis Pavlicek me ayudó a considerar seriamente el posible llamado al sacerdocio. Siempre admiré cómo Padre Pavlicek trabajó y sirvió a la gente de varias culturas. Él fue un amigo y mentor que estaba siempre listo a escuchar las preguntas que yo tenía como un joven adulto, incluidas aquellas que tenía sobre el sacerdocio.
Recuerdo vívidamente el día que mencioné al Padre Pvlicek que estaba seriamente considerando el sacerdocio. Fue muy difícil admitirme a mi mismo que un posible llamado al sacerdocio estaba moviendo mi corazón. No pude ignorar más la silenciosa pero persistente pregunta de Dios, “¿lo intentarías?”
Después de que, finalmente me había admitido a mi mismo que este deseo estaba creciendo dentro de mi, fue un alivio decir “no estoy seguro de que voy a ser un sacerdote, pero lo voy a intentar”. Y ahora, irónicamente, más de 30 años más tarde, aquí estoy. 
Obviamente, Dios tenía un plan para mí y finalmente, yo tuve que estar abierto al plan de Dios.

Editora: Usted ha sido sacerdote por 26 años. Obviamente usted disfruta su vocación. Cuando celebra Misa, existe un gozo y un amor por la Eucaristía y por Cristo ¿Cómo mantienen usted eso?
Obispo García:
Creo que un sacerdote debe trabajar para mantener una relación fuerte con el Señor. Esto puede sonar extraño, pero mi relación con el Señor no es diferente de la de cualquier otra persona que busca una relación con Dios. De hecho, el sacerdocio no garantiza una relación fuerte con Dios. Como sacerdote, no puedo ayudar a traer a otros más cerca de Dios si no trabajo continuamente en mi relación con Dios – no puedo dar lo que no tengo.
Mis relaciones con la gente a la que he servido – los laicos – me han invitado a intentar estar más cerca de Cristo. Ser un sacerdote me ha permitido entrar a las vidas de muchas personas maravillo-sas algunas veces a través de momentos de tristeza y conflicto pero también en tiempos de grandes gozos. A través de la presencia cariñosa de la gente, he experimentado el amor de Dios.

Editora: Con el nuevo rol viene más responsabilidad ¿Cómo da prioridad a su vida de oración?
Obispo García:
No siempre es fácil, como dije anteriormente, yo también tengo que extraer tiempo de mi agenda para escuchar a Dios. En broma he dicho a otros hermanos sacerdotes que siempre pensé que era una persona de oración pero cuando el Obispo Vásquez me pidió ser vicario general de la diócesis el pasado marzo, ¡pronto me di cuenta de que necesitaba orar más!
Mientras mis responsabilidades aumentan, me encuentro a mi mismo orando aún más. Siempre he animado a gente laica que está tan ocupada, a hacer tiempo, unos minutos entre las ocupaciones del día para escaparse y orar. He aprendido la importancia de hacer tiempo para estar en silencio y escuchar a Dios.

Editora: Díganos sobre su perro, Micah (Miqueas).
Obispo García:
Sí, tengo un pequeño schnauzer llamado Micah que tiene aproximadamente 6 años. Llegó a mi como un cachorro y ha sido un gran consuelo a través de los años. Al final de un largo día, él se sienta conmigo y simplemente aprecia mi presencia. Es una gran compañía.

Editora: Describa cómo es un día típico para usted en este momento.
Obispo García:
Bueno, mi día aquí en el Centro Pastoral comienza a las 9 y usualmente con una reunión matutina con el Obispo Vásquez. Revisamos – lo previsto – para el día y discutimos los detalles de los diferentes temas actuales y cómo deben ser priorizados. Entonces, usualmente tengo varias reuniones a lo largo del día, así como varias citas de índole privada, llamadas telefónicas y actualizaciones por parte del personal. Al medio día, con frecuencia celebro Misa aquí en el Centro Pastoral, después trato de escaparme para comer algo. Corro a casa para comer el almuerzo y ver a Micah un momentito, y luego regreso y retomo las reuniones y las citas. El día usualmente termina entre las 6 y 7 de la noche cuando me voy a casa a descansar. Mi agenda semanal puede verse un poco alterada en base a eventos en la tarde o noche que el Obispo Vásquez me pida que atienda. En los próximos meses, espero atender más eventos durante viernes en la noche y sábados y domingos. Espero con anticipación visitar más parroquias y celebrar Misas a lo largo de la Diócesis.

Editora: Díganos sobre la llamada que recibió del nuncio que le anunciaba que usted sería el obispo auxiliar.
Obispo Vásquez:
Bueno, era un lunes en la tarde y el día había ya estado muy, muy ocupado. Estaba regresando a mi escritorio y mi asistente administrativa, Janice (Ingram), dijo “Padre Danny la Secretaria del Nuncio está en el teléfono y le gustaría hablar con usted”. Yo, después de una pausa, dije, “¿es para mí?”, “Sí, es para usted”.
Ella había recibido una llamada similar cuando mi predecesor, el Obispo Michael Sis, fue nombrado obispo de la Diócesis de San Angelo. Supe al ver su rostro que esto era serio. Así que cerré la puerta y caminé hacia mi silla y comencé a orar porque supe que mi vida estaba a punto de cambiar. Nos saludamos y entonces él dijo, “tengo noticias para usted. Nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, lo ha nombrado obispo auxiliar…” en ese momento pude sentir que mi corazón latía rápidamente. Y entonces él dijo, “de Austin”. Y con toda honestidad, yo estaba sorprendido y aliviado. Sinceramente amo esta diócesis y disfruto de la gente a la que sirvo, gente a la que he llegado a conocer a lo largo de los años; por lo tanto, estaba contento de poder continuar sirviendo aquí.
Entonces me aseguré de que él hubiera dicho “de Austin” y el se rió y dijo “sí”. Le dí las gracias y acepté el nombramiento. El nuncio fue de mucho apoyo y de hecho, una vez que dije sí, el temor y los nervios bajaron. Servir como el obispo auxiliar de Austin es ciertamente una bendición para mi personalmente, para mi familia y espero que para la Diócesis de Austin. Sinceramente espero con ansia el trabajar con el Obispo Vásquez y el trabajar con mis hermanos sacerdotes para servir a la gente de Dios.

Editora: ¿Cuál es su lema episcopal y cómo lo escogió? 
Obispo García:
Mi lema episcopal es “Camina humildemente con Dios,” que es del libro del profeta Miqueas (6:8).  Este ha sido siempre un pasaje favorito mío por que Dios nos invita a tener un sentido de humildad mientras viajamos por la vida, así adhiriéndonos más y más a la manera y el corazón de Dios. Estamos todos en un viaje, y no debemos olvidar que Dios está con nosotros a través de todo. Debemos también de recordar que todo lo que tenemos es un regalo – nuestras vidas, nuestra fe, la gente que encontramos- Dios nos lo ha dado todo. Un corazón verdaderamente humilde nos ayuda a darnos cuenta de qué tan maravilloso es Dios.
Reflexionando sobre estas últimas semanas anteriores a la ordenación del 3 de marzo, me ha hecho darme cuenta de qué tan bendecido soy – particularmente, en las relaciones que he hecho durante los años. Me doy cuenta de que no merezco el reconocimiento que se me ha dado, pero para mí esto ha sido una verdadera lección sobre aprender a recibir. Mi deseo es que lo que he recibido, lo pueda compartir con otros. A través del ministerio y de mi vida, oro por poder emanar el amor de Cristo hacia quien quiera que encuentre.