Viviendo con una dependencia radical hacia Dios

Por la Hermana Margie Lavonis, CSC
Columnista Invitada

El Papa Francisco ha declarado esta año como el año para celebrar la vida consagrada. Muchos Católicos, especialmente nuestros niños, no están seguros de lo que es el amor consagrado. Una de las metas de este año es educar a los Católicos sobre la vida religiosa.
Fui educada por las Hermanas del Inmaculado Corazón de María, durante la mayoría de mis años escolares y cada día orábamos la Ofrenda Matutina y nos consagrábamos a Jesús a través de María. Como una niña, no estoy segura de que entendía por completo lo que estaba haciendo, pero sí sabía que ofrecía todo lo que hacía durante el día a Dios. No sospechaba que más tarde daría mi vida entera a Jesús como una Hermana de la Santa Cruz.
Existe mucha ignorancia sobre la vida religiosa, especialmente entre la juventud. Menos hombres y mujeres están respondiendo al llamado a la vida consagrada como hermana, hermano o sacerdote. Pienso que una de las mayores razones para esto es la falta del entendimiento del sacerdocio y de la vida religiosa. Aún peor, la posibilidad de vivir el llamado Cristiano que recibimos durante el bautismo ni siquiera nos pasa por la mente ¡Es lógico decir que una persona no pue-de elegir un estilo de vida que conoce poco o que no conoce!
¿Qué es la vida religiosa o consagrada? 
En mi juventud pensaba que ser una religiosa se trataba principalmente de servir a otros y realizar un ministerio, pero Jesús llama a todos los Cristianos a servir a su gente. La vida religiosa es un llamado a hacer de Jesús el centro de la vida de una persona. Es consagrar o darse uno mismo a Dios. Se trata, en verdad, de amar a Dios sobre todas las cosas. Una manera importante de mostrar este amor es a través del ministerio o servicio, pero eso no es lo que nos hace religiosos.
Hombres y mujeres religiosos se consagran a si mismos a Dios al profesar los tres votos o promesas de castidad, pobreza y obediencia. Es un compromiso de por vida.
Todos los Cristianos están llamados a ser castos y a respetar sus cuerpos como templos del Espíritu Santo, pero los sacerdotes, hermanos y hermanas hacen votos de entrega total de si mismos, alma y cuerpo, a Dios y a la gente de Dios (aquí es donde entra el servicio).
Los Cristianos están también llamados a vivir la virtud de la pobreza y a vivir con simpleza. Aquellos en la vida consagrada se esfuerzan por vivir en una dependencia radical de Dios y tratan de no ser agobiados por bienes materiales y otros apegos.
Los bautizados están también llamados a seguir a Dios y a obedecer la palabra de Dios. Los religiosos consagrados se esfuerzan por cumplir la voluntad de Dios en conjunción con la misión de su comunidad particular.
Tal como un esposo y una esposa se dan a si mismos y a sus hijos, la familia, es su enfoque principal. Aquellos que se comprometen como religiosos entregan sus vidas enteras a Cristo y a la iglesia a través de los votos de pobreza, castidad y obediencia.
Creo que Dios todavía llama a la gente hacia esta manera de vida, radical y retadora. Oremos para que aquellos a los que Dios está llamando respondan con un generoso “Sí”. Hagamos nuestra parte de igual modo, invitando a los jóvenes a considerar esta opción cuando están discerniendo las opciones de la vida.
A veces todo lo que se necesita es la frase “¿alguna vez pensaste que Dios puede estarte llamando a ser un sacerdote, un hermano o hermana?”. Su pregunta puede que plante la semilla de una vocación religiosa. Tal como la iglesia necesita buenos matrimonios, también necesita hermanas, hermanos y sacerdotes para extender el reino de Dios en nuestro mundo.
Durante este año especial,  
- espero - que la gente aprenda más sobre aquellos que han consagrado sus vidas a Cristo y a su reino y apoyen sus ministerios en la iglesia en el mundo.
Para mayor información sobre el Año de la Vida Consagrada en la Diócesis de Austin, visite www.austindiocese.org/ycl.