Asuntos Sociales: Cada vida humana importa

Por DeKarlos Blackmon
Columnista Invitado

Octubre es el Mes Respetemos la Vida en las parroquias Católicas a lo largo de nuestra nación. Este evento anual provee de un tiempo para enfocarse en la verdad y dignidad de la persona humana.
Ver la televisión, escuchar la radio, leer el periódico y navegar la internet nos muestra cuánto una sociedad incrementalmente secular está constantemente intentando competir con nuestra santidad. Nos consideramos una sociedad sofisticada, pero con frecuencia nos quedamos tratando de encontrar sentido a las varias incongruencias con la cultura de vida, tales como personal policial atacando a civiles que no están armados, un joven abriendo fuego en un lugar de culto, un hombre asesinando a periodistas durante una 
entrevista en vivo, el aborto legalizado y la pena capital.
En nuestra cultura, la vida humana está repetidamente bajo ataque. Desde el mismo momento de la concepción hasta la muerte natural, la vida es amenazada porque nuestra sociedad ha perdido el verdadero significado de humanidad, respeto y básica dignidad humana. Nunca debemos de perder de vista el hecho de que Cristo se convirtió en carne para que nosotros pudiésemos conocer el amor benéfico de Dios (1 Jn 4:9) y para hacernos “partícipes de la naturaleza divina” (2 Pt 1:4). San Juan Pablo II en Evangelium Vitae nos explica que “es absolutamente imperativo el respetar, amar y promover la vida de cada hermano y hermana, de acuerdo con los requerimientos del amor abundante de Dios en Jesucristo”. (77)
Cada uno de nosotros fue hecho a imagen y semejanza de Dios, y por ello, debemos afirmar el valor intrínseco de la vida humana y la dignidad de cada ser humano de una manera que transforme la cultura de la sociedad secular. Esta prioridad no está limitada a una vida humana “particular”, sino que, la prioridad es afirmar la dignidad de “cada” vida humana por que cada vida humana tiene valor.
El Papa Francisco nos re-
cuerda, “Toda vida tiene un valor inestimable, aún la más débil y más vulnerable, los enfermos, los viejos, los no-natos y los pobres”. Como dice el tema de Respetemos la Vida 2015-2016 de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, “Cada una de nuestras vidas, merece vivir, sin importar las circunstancias”.
Nosotros, la gente de Dios del Centro de Texas debemos recordar que mientras que el ser pro-vida es una parte integral del trabajo de vida, caridad y justicia en la diócesis, ser pro-vida involucra también las serias preocupaciones por el hambre excesiva, la pobreza, la gente sin hogar, la violencia, la eutanasia, la pena capital y la ausencia de adecuado cuidado de la salud. No podemos apoyar a aquellos que promueven la extensión del aborto, la eutanasia, la pena capital y los muchos otros padecimientos que destruyen la dignidad de la vida humana, y al mismo tiempo declarar que están personalmente opuestos a los males que ellos apoyan o respaldan. No podemos continuar permitiendo a aquellos que reclaman una creencia en la “opción” escapar de la responsabilidad moral de “escoger la vida”.
Evangelium Vitae nos presenta inequívocamente que debemos “predicar el Evangelio de la vida, para celebrarlo en la Liturgia y en nuestra completa existencia, y para servirle con los varios programas y estructuras que apoyan y promueven la vida”. (79) La manera en que somos en la comunión procesional durante la Santa Eucaristía es la manera en que debemos de ser en el mundo cada día.
La Oficina de Vida, Caridad y Justicia anima a todos a participar abiertamente en programas e iniciativas que defiendan la dignidad de cada vida humana. Que nunca olvidemos que Jesús vino para que tuviéramos vida, y la tuviéramos en abundancia (Jn 10:10). Tomemos con seriedad nuestra obligación moral para defender la vida humana en cada etapa y en cada edad, desde la concepción hasta la muerte natural.