Entrevista: Recibiendo y extendiendo la misericordia durante el Año del Jubileo

Editora: El 8 de diciembre comienza el cumplimiento del extraordinario Jubileo de la Misericordia, el cual se centra en la misericordia de Dios ¿Por qué es importante dedicarle a este año este enfoque particular?
Obispo Vásquez:
En su carta “Misericordiae Vultus,” el Papa Francisco escribe, “Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une a Dios y al hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado”. 
Él quiere con gran entusiasmo comunicar al mundo que la misericordia está en el corazón de la iglesia y la misericordia es de lo que se trata la iglesia que somos todos.
Como el Santo Padre escribe, Dios nos envió a Jesucristo, quien es la cara de la misericordia eterna de Dios. Desde el principio de su papado, el Papa Francisco se ha enfocado en la misericordia en sus discursos, sus pláticas y homilías. Durante su visita a Cuba, el Santo Padre fue bienvenido por la gente como un misionero de misericordia y él subrayó la importancia de compartir la misericordia de Dios con otros y convertirse en la cara de la misericordia para un mundo que está sufriendo de dolor y se encuentra hambriento de Dios.
Editora: ¿Cuál cree usted que es nuestro mayor reto para entender y recibir la misericordia de Dios?
Obispo Vásquez: Uno de los más grandes retos que veo hoy es la falta de entendimiento del pecado, el cual ha existido desde Adán y Eva. El pecado es el alejarse de Dios y es un rechazo de su voluntad y su amor, que también afecta la vida de uno con los otros. La lucha con el pecado es parte de nuestra vida diaria – algunos días son buenos mientras que otros son un reto. Como pecadores, debemos estar dispuestos a reconocer nuestros pecados y buscar la misericordia de Dios.
Muchas veces cuando un niño hace algo malo, el niño lo esconde de sus padres. Del mismo modo, existe un ins-tinto en nosotros de esconder de Dios cuando hemos pecado, tal como Adán y Eva hicieron en el Jardín del Edén. De lo contrario, cuando pecamos, debemos voltear hacia Dios y rechazar el instinto de escondernos de él.
Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, pero nuestras decisiones pecaminosas tienen consecuencias. Beneficiosamente, Dios no permite que el pecado nos defina o tenga la última palabra. Él siempre nos ofrece otro camino — el camino de la misericordia.
“La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia,” escribe el Papa Francisco. Por lo tanto el sacramento de la reconciliación es un gran lugar para que la gente experimente la misericordia de Dios. En este sacramento la iglesia, a través del sacerdote, da la bienvenida al picador de regreso a la comunidad. Para nosotros, los sacerdotes que estamos llamados a ser ministros de reconciliación, el Papa Francisco nos reta a rechazar al pecado pero nunca al pecador. A cada hijo o hija de Dios se le debe mostrar misericordia. Jesucristo vino como un remedio para nuestro pecado, y él nos salvo a través de su sufrimiento, muerte y resurrección, por lo que la iglesia abre sus brazos para recibir al pecador.
Editora: Algunos pueden considerar el Año de la Misericordia un tiempo para posiblemente diluir la fe pero esa no es la intención del papa, ¿es correcto?
Obispo Vásquez: La intención del Santo Padre al hacer un llamado a un Jubileo es la de invitar a la iglesia y a el mundo a experimentar la misericordia de dios. En la bula papal él es muy claro sobre el pecado. Él incluso nos dice a los sacerdotes que como confesores seamos claros y directos por que no les hacemos un servicio a las personas cuando no les ayudamos a entender la seriedad del pecado y no les ayudamos a superarlo.  Aún así el Papa Francisco aconseja a los confesores que escuchen con cuidado y acepten “la invocación de ayuda y la súplica de perdón” que sale del corazón de cada penitente”.
Editora: El jubileo extraordinario es simbolizado por la apertura de la puerta santa: ¿Cuál es el significado de ese símbolo?
Obispo Vásquez: Todos estamos en un peregrinaje. Por lo tanto, cada uno de nosotros se encuentra en el camino solo pero donde encontramos fuerzas es en la comunidad de creyentes, el cuerpo de Cristo, que es la iglesia. La puerta de la iglesia significa un nuevo comienzo, pero aún de más importancia, significa Cristo, quien nos llama una vida más profunda de fe y amor. Al cruzar ese umbral, estamos poniendo de manifiesto nuestra disponibilidad a caminar más cerca de Cristo. Por lo tanto, el Papa Francisco quiere asegurarse de que observemos su gran tradición de la santa puerta. 
Yo invito a la gente  a lo largo de nuestra diócesis a realizar una peregrinación a uno de las cinco parroquias en nuestra diócesis en las que hemos designado puertas santas. Esta es una oportunidad para nosotros de experimentar el cuidado amoroso de Dios por nosotros por que nos vemos a nosotros mismos en un viaje juntos. (Vea la página 21 en esta edición para obtener más detalles sobre las iglesias diocesanas de peregrinaje).
Editora: El Papa Francisco también ha escrito una carta invitándonos a obtener la Indulgencia del Jubileo ¿Puede explicar más sobre esto?
Obispo Vásquez: Existe una indulgencia jubilar otorgada durante el Año de Misericordia. Como Católicos creemos que el sacramento de la confesión aborda una de la consecuencias del pecado al restaurar nuestra comunión con Dios. Pero todo los pecados, incluso los menores, tienen una consecuencia temporal también, así que en la jurisdicción de la iglesia, una indulgencia simplemente permite a los fieles bautizados que hayan confesado sus pecados, recibido la Eucaristía, y completado todos los actos requeridos de ellos, disminuir o cancelar ese castigo temporal para ellos mismos o para una persona fallecida. No es a través de nuestros propios méritos que esto se hace; sino que, la indulgencia jubilar nos da una oportunidad de aplicar a nuestra situación la reparación ya lograda por Cristo y los santos. Así que para el Jubileo de Misericordia, justo como en cualquier Año Santo, la indulgencia es ofrecida a los peregrinos que cruzan el umbral de la Santa Puerta en el Vaticano o en cualquiera de las cinco iglesias diocesanas de peregrinaje, peregrinos que confiesan sus pecados, reciben la Eucaristía y oran por las intenciones del Papa. Existen también previsiones especiales para personas encerradas y prisioneros que no pueden hacer el peregrinaje.
Finalmente, el Santo Padre pone énfasis en la importancia de realizar uno de los trabajos espirituales y corporales de misericordia como un signo visible y concreto.
Editora: La diócesis observará el Año de Misericordia bajo tres aspectos: Recibir, Entender y Compartir. Por favor explique estos tres aspectos.
Obispo Vásquez: Primero, debemos saber que Dios es quien inicia el don de la misericordia, por lo tanto, es para que nosotros lo recibamos. Cuando pecamos, Dios está esperando con ansias que nosotros volvamos a él. El sacramento de la reconciliación es una manera perfecta de experimentar la misericordia de Dios. Sin embargo, para poder recibirlo, se nos pide que 
examinemos nuestras vidas y reconozcamos los áreas de debilidad en nuestras vidas. Así que ¿cómo nos preparamos para el sacramento? ¿Se ha convertido en algo rutinario para mí? ¿He estado alejado(a) del sacramento por mucho tiempo? Yo los invito a todos a experimentar este sacramento de una manera nueva, para que podamos beneficiarnos de su gracia.
Entender esto es realmente saber, no sólo como una proposición intelectual, sino como algo aceptado con todo el corazón. Necesitamos entender quién es Dios por que dios es un Dios misericordioso. Él no es cruel. Él no está tratando de juzgarnos. Él no está tratando de atraparnos cada vez que nos desviamos, sino que él desea lo mejor para cada uno de nosotros. Al entender esto, comenzaremos a identificar lugares en nuestras vidas en los que podemos cambiar para mejorar. Oro durante este Año de Misericordia por que muchos vuelvan a Dios y entiendan su amor por nosotros.
Y entonces, cada uno de nosotros está llamado a compartir la misericordia. Si sólo estamos preocupados por nosotros mismos durante este Año de Misericordia, entonces sentiremos que algo hace falta. Cuando experimente-mos la misericordia de Dios, entonces nuestra respuesta natural será invitar a otros a experimentar esa misericordia también. Somos cambiados y entonces nos convertirnos en gente de misericordia que desea que el amor ilimitado de Dios sea algo disponible para todos. San Juan Pablo II también nos enseñó que los actos de misericordia son siempre recíprocos – quien da misericordia al otro también la recibe.
Editora: Podemos también usar este año para aprender más sobre la tradición de la iglesia de los trabajos de misericordia espirituales y corporales ¿Qué pueden hacer las parroquias este año entrante para enfatizar las tradiciones?
Obispo Vásquez: Esta es una gran oportunidad para catequizar y evangelizar. Los trabajos corporales y espiri-tuales de misericordia son maneras muy prácticas y poco complicadas en las que podemos alcanzar a otros como manos y rostro de Cristo. Mucha gente está ya haciendo estos trabajos de misericordia de manera regular; sin embargo, tal vez sea tiempo de retarnos a nosotros mismos a hacer algo diferente que nos saque de nuestra zona de confort. Tal vez podemos visitar una prisión, pasar tiempo visitando a los moribundos en un hospital, o cuidar de las personas sin hogar. No debemos de tener miedo de preguntar a Dios a dónde quiere que vayamos o qué desea que hagamos para extender su misericordia a otros. Hacer estas preguntas es un reto, pero si podemos, si somos capaces de hacerlas, entonces creo que también tenemos la habilidad de experimentar un nivel más profundo de lo que significa ser gente de misericordia.
Editora: ¿Cuál es su oración por todos nosotros mientras comenzamos el año Jubilar?
Obispo Vásquez: Oro por que Dios nos conceda la humildad para reconocer nuestra pecaminosidad y para buscar su cara de misericordia en Jesucristo. Que el sacramento de la reconciliación sea un encuentro con Dios en el que escuchemos y sintamos su amor compasivo y de perdón. También oro por que nos dé el valor para ayudar a otros a buscar a Dios durante este Año Jubilar de Misericordia. Busquemos también la intercesión de María, nuestra Madre de Misericordia, ya que ella siempre intercede por que nosotros sigamos a su único Hijo.

El Año Jubilar de Misericordia en la Diócesis de Austin
“Por lo tanto, he decidido anunciar un Jubileo Extraordinario que tenga en su centro la misericordia de Dios. Será un Año Santo de Misericordia. Queremos vivir en la luz del mundo del Señor: “Sean misericordiosos, como su Padre es también misericordioso” (cf. Lc 6-36). Este Año Santo comenzará durante la próxima Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo y concluirá el día domingo 20 de noviembre de 2016, día de la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo y rostro viviente de la misericordia del Padre”. (Papa Francisco, 13 de Marzo de 2015). 
Posterior a la inauguración solemne del Año Santo—marcada por la apertura de la Santa Puerta de la Basílica de San Pedro el 8 de diciembre –todas las iglesias particulares abrirán sus propias Puertas de Misericordia en comunión con la Iglesia de Roma como parte de la celebración Eucarística del Tercer Domingo de Adviento (Domingo de Gaudete), el 13 de diciembre. En la Diócesis de Austin, la bendición y apertura de las santas puertas se llevará a cabo en los cinco sitios parroquiales (vea el mapa abajo) tal como fue designado por el Obispo José Vásquez. Visite el sitio diocesano en www.austindiocese.org/yearofmercy para conocer detalles sobre tiempos individuales y localidades.
¿Qué es una indulgencia Jubilar?
Una indulgencia es un acto de fe por medio del cual una persona puede obtener la liberación del castigo temporal asociado con los pecados cometidos, ya sea para uno mismo o para otra persona. (Catecismo de la Iglesia Católica, párrafo 1471) Como en otros años jubilares, el Santo Padre ha instruido que indulgencias especiales sean disponibles para los fieles a lo largo del año. A continuación cómo obtener una:
Para Católicos corporalmente capaces:
Realice un peregrinaje. Haga un viaje a una puerta santa local (un portal físico en su catedral o santua-rio local u otra iglesia designada). Cruzar una puerta santa es un viaje espiritual que señala, como dijo el Santo Padre, “el deseo profundo de una verdadera conversión”.
Confiésese.
Reciba la Santa Eucaristía “con una reflexión de misericordia”.
Haga una profesión de fe.
Ore por el papa y por sus intenciones.
Es apropiado que la confesión sacramental  especialmente la Santa Comunión y la oración por las intenciones del papa se lleven a cabo el mismo día del peregrinaje, pero no es necesario. Los ritos sacramentales y oraciones pueden llevarse a cabo dentro de varios días (alrededor de tres semanas) y en un lugar distinto al del sitio de peregrinaje.
Para los ancianos, los confinados y los enfermos:
El Papa Francisco dijo que ellos pueden obtener la indulgencia a través de “Vivir con fe y esperanza gozosa este momento de prueba, recibiendo la comunión o atendiendo la Santa Misa y una oración comunitaria, incluso a través de los varios medios de comunicación, lo que será la manera para que ellos obtengan la indulgencia del Jubileo”.
¿Por qué un peregrinaje?
“La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La vida es una peregrinación y el ser humano es viator, un peregrino que recorre su camino hasta alcanzar la meta anhelada. También para llegar a la Puerta Santa en Roma y en cualquier otro lugar, cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación. Esto será un signo del hecho de que también la misericordia es una meta por alcanzar y que requiere compromiso y sacrificio. La peregrinación, entonces, será un estímulo para la conversión: atravesando la Puerta Santa nos dejaremos abrazar por la misericordia de Dios y nos comprometeremos a ser misericordiosos con los demás como el Padre lo es con nosotros”. (Papa Francisco, Misericordiae Vultus, 14)
En la Diócesis de Austin, los fieles son invitados a visitar uno o más de los cinco sitios designados durante el Año Santo, cruzando los umbrales de estas “puertas santas” como un signo de nuestro deseo y dedicación para ser “puertas abiertas” al amor misericordioso del Padre. Ya sea que busquemos o no la indulgencia del Jubileo, el visitar una parroquia fuera de la región propia es una hermosa manera de construir una solidaridad espiritual con nuestros hermanos y hermanas en la diócesis.