Entrevista: Dejando el pecado atrás y confiando en la misericordia de Dios

Editora: El Papa Francisco está enfatizando la importancia del sacramento de la reconciliación durante este Año de la Misericordia durante la Cuaresma ¿Cuál es la conexión entre la misericordia de Dios y los sacramentos?
Obispo Vásquez:
Para los Católicos la principal manera en que encontramos a Dios es a través de los sacramentos. Los sacramentos son las maneras tangibles y concretas en que Dios se encuentra con nosotros. Al repetir las palabras de Cristo y al verter agua, la iglesia bautiza a una persona que entonces se convierte en parte de la familia de Dios. El pecado original es lavado y el recién bautizado comienza una nueva vida con la promesa de la vida eterna. Todos los siete sacramentos nos imparten la gracia de Dios, que es el regalo de la vida eterna.
En el sacramento de la reconciliación, el penitente llega con un corazón contrito buscando la misericordia de Dios, y en la persona de Cristo, el sacerdote ofrece consuelo y reconci-liación al penitente. Con las palabras, “Yo te absuelvo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,” el sacerdote absuelve los pecados que han sido confesados – y este es el signo concreto y tangible de la misericordia de Dios.
Cristo, quien siempre nos mira con ojos de misericordia, sabe que el pecado lastima e incluso destruye nuestra relación con Dios, también nuestras relaciones con otros, incluso si nadie más sabe que hemos pecado. Por lo tanto, durante este Año Jubilar de la Misericordia, tenemos esta oportunidad de experimentar lo que el Santo Padre quiere que experimentemos. Amo esa foto del Papa Francisco yendo a confesarse – es un gran símbolo de que todo lo que necesitamos es la misericordia de Dios en nuestras vidas.
Editora: La Bula Papal para el Año de la Misericordia menciona que muchas lecturas de la Escritura son apropiadas para la meditación para ayudarnos a redescubrir la fe misericordiosa del Padre ¿Tiene usted un pasaje favorito?
Obispo Vásquez:
Si lo tengo, pero el mío puede que sea un poco diferente. Me encanta la historia de Lucas del Hijo Pródigo, y la escucharemos en la Misa durante el Cuarto Domingo de Cuaresma, pero mi lectura favorita del Evangelio es la Mujer en el Pozo del Evangelio de Juan. Creo que ésta es una gran historia y el intercambio entre Jesús y la mujer Samaritana es muy poderoso y real por que se traba sobre cómo Cristo nos encuentra en donde estamos. El encuentro no es demandante, es un encuentro ordinario que lentamente nos lleva al cambio tal como esta mujer comienza a descubrir su vida a Jesús. Ella no sabe quien es él, pero Jesús comienza a mover en ella un despertar de la fe, tanto que entonces ella le pide “agua viva” que sólo Cristo puede dar.
Jesús le dice a la mujer que mientras más lo conozca, más va a descubrir lo que es la vida. Ella ha intentado muchas cosas que la dejaron decepcionada, incompleta e insatisfecha, pero con agua viva, ella tendrá satisfacción y paz. “…Quien beba de esta agua que yo ofrezco, nunca volverá a tener sed; el agua que yo le doy se convertirá en él en una fuente de agua que brota para la vida eterna,” Jesús le dice a la mujer.
Amo la manera en que esta historia progresa: Jesús comienza lentamente, en una conversación, y entonces ella comienza a descubrir su vida. Jesús le ofrece su agua viva y ella se convierte en un discípulo; ella regresa a su pueblo y le dice a la gente sobre Jesús. Para mí eso es lo que pasa en el sacramento de la reconciliación mientras experimentamos la misericordia de Dios. Empieza lentamente mientras Cristo descubre lo que necesita ser curado, y entonces nos convertimos en discípulos que invitan a otros también a experimentar la misma misericordia que hemos recibido.
Editora: ¿Qué crees que son los malentendidos más comunes sobre el sacramento?
Obispo Vásquez:
Creo que una de los más comunes malentendidos es que los Católicos pueden cometer pecados de cualquier tipo y después, entonces, venir a la confesión y todo está bien. Esto no puede estar más alejado de la verdad por que en realidad, el pecado tiene consecuencias temporales. Esto es por que, cuando confesamos nuestros pecados y recibimos la absolución, la iglesia nos pide que restituyamos – el mal- si es posible. Por ejemplo, si alguien roba, entonces se debe restituir a la víctima del robo.
Debemos ir a confesión con un deseo sincero de cambiar nuestras vidas para mejorar por que el pecado ofende a Dios. La verdadera contrición es un deseo de dejar el pecado atrás y de vivir de acuerdo a la voluntad de Dios. El celebrar el sacramento de la reconci-liación tiene como objetivo traer una conversión verdadera.
El sacramento de la reconciliación no es magia y no experimentaremos una inmediata, profunda conversión del corazón a menos que abramos nuestras vidas a la gracia sanadora de Dios. A través del sacramento, Cristo nos llama a vivir nuestra fe de manera más profunda, y eso pasa cuando experimentamos verdaderamente la misericordia de Dios. En la Escritura, en todos los pasajes sobre encuentros personales con Cristo – Mateo y el recolector de impuestos, Zaqueo, o Pedro mismo—estas personas necesitan ser perdonadas. Estos encuentros no fueron mágicos, ellos involucraron el que cada una de estas personas estuviera abierta a experimentar por completo la misericordia de Dios, la cual lleva a cada uno a la conversión de corazón.
Editora: ¿Cuándo debemos de buscar el sacramento de la reconciliación?
Obispo Vásquez:
Primero que nada, es un precepto de la Iglesia Católica, que “Todo fiel llegado a la edad del uso de la razón debe confesar, al menos una vez al año, los pecados graves de que tiene conciencia”. (CCC,1457). Debemos siempre de ir a confesarnos, por supuesto, si existe un pecado grave o serio que hayamos cometido. Tenemos diez mandamientos como guías para saber si hemos roto alguno de ellos y por lo tanto, necesitamos ir a confesión.
Creo que la mayoría de nosotros no cometemos pecados graves tales como el asesinato o el robo. La mayoría de nosotros vamos a la confesión y salimos con nuestras almas limpias, puras y honestas. Volvemos al mundo con buenas intenciones. Pero el pecado usualmente invade nuestras vidas despacio – por ejemplo, con una pequeña mentira o una palabra de enojo o una actitud negativa. Estos pecados nos alejan de Dios y mientras más conti-
nuamos repitiéndolos, se vuelve más fácil pecar otra vez. Por lo tanto, en cuanto nos veamos a nosotros mismos yendo de bajada por el mismo camino de pecado, necesitamos buscar el sacramento de la reconciliación. Mientras experimentamos la misericordia de Dios en el sacramento, debemos abrir nuestros corazones al cambio y a convertirnos en la persona que Dios desea que seamos. Mientras nos concientizamos más de nuestros defectos humanos, el sacramento nos abre a la gracia para superar nuestros pecados.
Editora: Con frecuencia jóvenes Católicos celebran su Primera Reconciliación antes de su Primera Comunión, pero no regresan por muchos años ¿Cómo podemos invitar a los niños a que regresen o hacer para que los padres los introduzcan al sacramento en consecuencia?
Obispo Vásquez:
Pienso que una de las mejores maneras para mantener a nuestros niños activos en la fe es que las familias experimenten los sacramentos juntos. Es genial cuando la madre, el padre y todos los niños van juntos a la confesión. Incluso si un niño no tiene edad para recibir el sacramento, los padres pueden invitar a los niños pequeños a orar por sus hermanos y hermanas y otros miembros de la familia. Este es un gran testimonio y un signo de unidad, que nuestras familias necesitan. Creo firmemente que las familias pueden experimentir mucha gracia cuando celebran los sacramentos juntos.
Editora: ¿Tiene algún consejo para los sacerdotes, y para a quellos que pueden que hayan estado alejados del sacramento por un largo rato?
Obispo Vásquez:
Antes que nada, a mis hermanos sacerdotes: les agradezco el celebrar el sacramento de la reconciliación. Pido a mis hermanos sacerdotes ser tan gentiles e invitantes como sea posible hacia aquellos que han estado lejos del sacramento por un largo tiempo. Periódicamente escucho confesiones, especialmente durante el Adviento y la Cuaresma, y  es una de las experiencias más satisfactorias que tengo como sacerdote aparte de celebrar la Eucaristía. Me mueven a la humilidad aquellos penitentes que han estados alejados del sacramento por mucho tiempo y siento compasión por ellos. Dios les ha dado el valor para acercarse y ha movido sus corazones para buscar su misericordia en el sacramento de la reconciliación. No creo que nadie que haya estado alejado del sacramento por mucho tiempo deba de tener miedo. El miedo es algo del demonio que quiere que pensemos que somos imperdonables, que nuestros pecados no merecen el perdón de Dios ¡Esto no es verdad!
Así que, aquellos que han estado lejos del sacramento por mucho tiempo y ahora desean acercarse a Dios: ¡No tengan miedo de buscar la misericordia de Dios de esta manera! El sacerdote va a ayudarlos incluso si ustedes no se 
acuerdan de cómo acercarse a la confesión. Si usted no conoce las palabras correctas, él les ayudará. El Papa Francisco quiere que experimentemos la misericordia de Dios, particularmente durante este Año Jubilar. “¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia, para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios!…” (Misericordae Vultus, 5).
Editora: ¿Cuáles son sus esperanzas para la diócesis a lo largo de esta temporada de Cuaresma?
Obispo Vásquez:
Espero que tengamos muchas oportunidades concretas para experimentar la misericordia de Dios. La Cuaresma se trata de que miremos los áreas de nuestra vida en los que necesitamos crecer. Tenemos partes en nuestra vida en la que el pecado ha invadido y los malos hábitos nos disturban. Aún así queremos cambiar y convertirnos en mejores discípulos de Cristo. La Cuaresma es un tiempo grande para abrirnos al poder de Cristo para cambiarnos. Los invito a acercarse al sacramento de la reconciliación para experimentar, como dice nuestro Santo Padre, los ojos de la misericordia velando por nosotros, sus hijos, con gran compasión.