En rumbos situados en la periferia y plagados de crimen, el papa predica la conversión

Por Cindy Wooden
Catholic News Service

El papa inició sus viajes por el interior de México, dirigién-dose a “lugares periféricos” y visitando un asentamiento conurbano de altas cifras de habitantes y de tierras extendidas, conocido internacionalmente como terreno propicio para forzar a muchachas a la prostitución y para enlistar a muchachos en el tráfico de drogas.
Ecatepec está situado hacia el extremo norte de la Ciudad de México y también tiene una zona urbana amurallada, una zona comercial con tiendas de departamentos como Sears, una gran tienda de WalMart, Starbucks y una docena más de otras tiendas y restoranes.
El papa Francisco celebró Misa el 14 de febrero en una amplia explanada en donde se habían congregado unas 300,000 personas. El altar estaba edificado en una alta plataforma y decorado con símbolos de origen azteca, flores y pájaros, hechos de flores y pétalos.
Más de 1.7 millones de personas viven en Ecatepec que Radio Vaticana describió como “un lugar con barrios bajos en donde reina el crimen, la contaminación y la pobreza y en donde la mayoría de la gente teme mezclarse”. Como Ciudad Juárez, situada al norte del país, Ecatepec ha adquirido la mala fama de ser un lugar en donde es especialmente peligroso ser mujer debido a los asesinatos, secuestros y el llamado tráfico inhumano de blancas.
La hermana Angélica García Barela, que pertenece a las Misioneras Siervas del Verbo, estaba emocionada con la oportunidad de ver al papa visitante. “Él viene acá a demostrar la fe y a cambiar los corazones. La fe del papa, su entusiasmo y su alegría no son pasajeros y sí muy contagiosos. Muchas cosas pueden cambiar”.
Con otras religiosas de su congregación, la hermana García pasó la noche en el sitio en donde iría a celebrarse la Misa pues estaba encargada de cuidar las hostias antes de ser consagradas que irían a ser distribuidas a la hora de la Comunión a la congregación multitudinaria, cercana y alejada del altar erigido para la celebración ritual encabezada por el papa.
El ministerio principal de la hermana es ir de puerta en puerta compartiendo la Biblia con las familias. Ella bien sabe lo que es evangelizar y dijo que el Papa Francisco es el perfecto ejemplo “de evangelización por medio de la presencia”. 
Después de la Misa, el Papa Francisco dirigió la recitación del “Angelus” (fórmula que se recita en recuerdo de la visita-ción a la Virgen María hecha por el ángel) seguido por los miles de personas congregadas en el campo polvoriento. Antes de dirigir la oración, el papa reconoció “cuánto ha sufrido cada uno de ustedes para llegar a este momento, cuánto han caminado para hacer de este día un día de fiesta, un momento de acción de gracias”. 
El papa exhortó a la gente para que se levante y trabaje junta, a fin de “hacer de estas benditas tierras de México un lugar de oportunidades”.
Ésta debe de ser una tierra en donde, dijo el papa, no “haya necesidad de emigrar para poder soñar, no haya necesidad de ser explotado para poder trabajar, no haya necesidad de hacer que la desesperanza y la pobreza de muchos sea la oportunidad de pocos; una tierra en donde no se tenga que llorar ni ponerse de luto por hombres y mujeres, por jóvenes y niños que son aniquilados a manos de los traficantes de la muerte”.
En su homilía, el Papa Francisco no mencionó específicamente la violencia en contra de las mujeres ni a los traficantes de drogas; en lugar de eso, el Papa se refirió a la forma en la que la gente se deja vencer por pequeñas tentaciones que con frecuencia aumentan hasta convertirse en enormes males.
Refiriéndose a la narración del Evangelio en donde se presenta a Jesús que es tentado por el demonio en el desier-to, el papa dijo: “Jesús no le responde al demonio con sus propias palabras; en cambio, usa las palabras de Dios, las palabras de la Sagrada Escritura. Porque, hermanos y hermanas, grábense esto muy bien en su mente: ¡Uno no puede dialogar con el demonio!
“Uno no puede dialogar con el demonio pues él siempre gana,” insistió el Papa. “Solamente el poder de la palabra de Dios lo puede vencer”.
El tiempo de Cuaresma, dijo el papa, es un tiempo de conversión que consiste en darnos cuenta cada día de cómo el demonio trata de tentarnos y de dividir a la gente. En un país conocido por grandes desigualdades en ingresos y oportunidades, el Papa Francisco denunció como obra del demonio la idea de  “una sociedad de pocos y para pocos”.
“Las tres grandes tentaciones”: riqueza, vanidad y orgullo, están tras esa actitud y otros males que destruyen a la sociedad y atacan la dignidad humana, dijo el papa. 
El uso pecaminoso del dinero y otras cosas materiales, dijo,  “se apoderan de los bienes destinados para todos y los usan solamente para ‘mi propia gente’”. Y eso significa el desperdicio del sudor y del trabajo de otros,” incluso a expensas de su propia vida,” dijo el papa.
Tal “pan”, dijo, “sabe a dolor, a amargura y a sufrimiento. Este es el pan que una sociedad o familia corrupta les da a sus propios hijos”.
“Sabemos lo que es ser seducido por el dinero, la fama y el poder”, dijo el Papa Francisco. “Por esta razón, la Iglesia nos da el regalo de esta Cuaresma, nos invita a la conversión, ofreciéndonos una sola certeza: nos espera y quiere curar nuestro corazón de todo lo que nos hiere. Es el Dios que tiene un nombre: misericordia. Y este nombre es nuestra riqueza”.
Al final de la Misa, el obispo Óscar Domínguez Couttolenc, de Ecatepec, le dijo al papa que “como en otros muchos lugares, nosotros experimentamos pobreza y violencia, hecha carne en el sufrimiento de los que padecen debido a la corrupción, al hambre, a la pobreza y a todas las manifestaciones diabólicas que conducen al deterioro de nuestra casa común”.
En respuesta, dijo, los fieles de Ecatepec rezan, reflexionan y trabajan, tratando de vivir “una espiritualidad de comunión,” un sentido de solidaridad que se ha fortalecido con la visita del papa.
Antes de que el helicóptero en donde viajaba el papa ate-rrizara en Ecatepec, se le dio al Papa Francisco una vuelta desde el aire para que pudiera observar desde arriba las bien afamadas pirámides de Teotihuacan, erigidas en honor del Sol y de la Luna, que se cree datan de los años 300 A.C.