El diablo quiere una iglesia resignada a la violencia; resístanlo, dice el papa

Por Cindy Wooden
Catholic News Service

El diablo ama a los cristianos –– especialmente sacerdotes y monjas –– que se resignan a la violencia y la corrupción que los rodea, dijo el Papa Francisco.
Al celebrar la Misa del 16 de febrero en un estadio en Morelia, el Papa Francisco repitió su llamado frecuente a sacerdotes, religiosos y seminaristas a salir de sus iglesias y conventos y llevar al mundo la misericordia y la oferta de salvación de Dios.
Pero en Morelia, el centro geográfico de México y la capital del estado de Michoacán –– un bastión del cartel de la droga Los Caballeros Templarios –– el papa no estaba hablando sólo de evangelización tradicional.
El mensaje del papa fue un estímulo para aquellos sacerdotes y religiosos que literalmente arriesgan sus vidas desafiando a los capos de la droga e instando a sus fieles a hacer lo mismo.
El Centro de Multimedia Católico de México informó a principios de febrero que 40 sacerdotes han sido asesinados o simplemente han desaparecido, en México, en los últimos 10 años. Muchos de los casos están claramente vinculados a la denuncia de los sacerdotes del tráfico de drogas.
El Papa Francisco dijo a un estimado de 20.000 trabajadores de la iglesia, reunidos en el estadio, que la fe cristiana no es una cuestión sólo para el intelecto o algo que ocupa unas pocas horas cada día o cada semana. Se trata de la vida de uno.
Jesús, dijo, no se limitó a enseñar a sus discípulos; los incorporó en su vida, mostrándoles quién era él y cómo debían vivir, mante-
niéndolos con él mientras comía, dormía, curaba, predicaba y oraba.
“Él los invitó a compartir su vida,” dijo el papa, y cuando oraba y se refería a Dios como “padre,” no era simplemente una palabra, sino que contenía “un sentido de vida, de experiencia, de autenticidad”.
Todos los cristianos, pero especialmente los encargados del cuidado pastoral de los demás, también deben compartir la vida de Jesús con ellos.
“¡Ay de nosotros si no somos testigos de lo que hemos visto y oído! ¡Ay de nosotros!” dijo.
“Nosotros no somos y no queremos ser ‘administradores de lo divino,’” dijo. “Nosotros no somos y no queremos ser empleados de Dios, porque somos invitados a participar de su vida”.
En su reflexión de Cuaresma, el Papa Francisco pidió a los sacerdotes y religiosos pensar acerca de las tentaciones que enfrentan en sus vidas.
“¿Qué tentación puede venir a nosotros de lugares a menudo dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, el desprecio por la dignidad humana y la indiferencia ante el sufrimiento y la vulnerabilidad?” preguntó.
La gran tentación, dijo, es la resignación.
Frente a la violencia abrumadora y la muerte, dijo el papa, “el diablo nos puede vencer con una de sus armas favoritas: la resignación. Una resignación que nos paraliza y nos impide no sólo caminar, sino también hacer el viaje”.
El diablo quiere sembrar una resignación “que no sólo nos aterra, sino que también nos atrinchera en nuestras sacristías y seguridades falsas,” dijo. Tal actitud “no sólo dificulta nuestra mirada hacia el futuro, sino que también frustra nuestro deseo de tomar riesgos y cambiar”.
Algunas de las oraciones en la Misa fueron ofrecidas en Purépecha, y el Papa Francisco abogó por un cuidado especial de los indígenas purépechas. Como modelo de uno que resistió la tentación a la resignación, mencionó al Obispo Vasco de Quiroga Vázquez, el primer obispo de Michoacán. Ejerciendo su ministerio  a mediados de los años 1500, el español se sorprendió por la forma en que los purépechas eran tratados, esclavizados y empobrecidos.
El obispo Vázquez no cayó presa de la resignación, sino que se inspiró para actuar “en medio de tanta injusticia paralizante. El dolor y el sufrimiento de sus hermanos y hermanas se convirtieron en su oración, y su oración lo llevó a su respuesta”.
Los purépechas se referían a él como “Tata Vasco,” que significa “padre, papá, papi,” dijo el papa. Es el mismo tipo de lenguaje que Jesús usaba para referirse a Dios.
El Papa Francisco finalizó su homilía con una plegaria: “Padre, papá, papi, no nos dejes caer en  la tentación de la resignación ....” También dijo a los sacerdotes y religiosos que el báculo pastoral y el cáliz que estaba usando en la Misa pertenecieron al obispo Vázquez.
La sombría homilía del papa fue un contraste con el ambiente de fiesta que precedió a su llegada. Llenando las tribunas y el campo del estadio deportivo, los sacerdotes y religiosos cantaron con entusiasmo y corearon vivas al papa, mientras saltaban arriba y abajo o hacían la ola.
El Papa Francisco fue recibido en Morelia con una de las mayores multitudes de su viaje a México, que comenzó el 12 de febrero. Miles de personas –– paradas en filas de cinco y seis personas de profundidad –– se alinearon en las millas del camino que conduce al estadio.