Entrevista: Milagros: prueba de la presencia de Dios

Editora: Señor Obispo, he tenido conversaciones recientes con amigos que han provocado que el tema de los milagros esté muy presente en mi mente. Así que pensé que podríamos hablar sobre ellos hoy. Para comenzar ¿Qué es un milagro?
Obispo Vásquez:
Un milagro es un evento o un acto de Dios que va más allá de las leyes naturales. De acuerdo al glosario del Catecismo de la Iglesia Católica, un milagro es un “signo o maravilla, tal como una curación o el control de la naturaleza, que puede ser sólo atribuido al poder divino”. Por ejemplo, un milagro en la Escritura es la apertura del Mar Rojo (Ex 14:21-22). Dios interviene en lo que está sucediendo y causa que algo pase más allá de las leyes de la naturaleza y beneficia a aquellos involucrados. En los Evangelios, Jesús cura a muchas personas, y el punto de esos milagros no es el asombrar a la gente, sino probar que el Reino de Dios está presente.
Creo firmemente que los milagros continúan sucediendo por que Dios no nos abandona. Dios está siempre interviniendo en nuestras vidas. Con frecuencia pienso: ¿Dónde estaría yo si Dios no estuviera interviniendo por mí? Incluso después de que he cometido errores o pecado, Dios continúa interviniendo por mí. Dios está muy atento a todas nuestras necesidades. Debemos recordar que no toda oración será respondida con un milagro y que la decisión de Dios para intervenir en la vida de uno por medio de un milagro es parte de su voluntad divina.
Los milagro que Jesús llevó a cabo requirieron que el que los recibía tuviera fe. Como Jesús dijo a Bartimeo justo antes de concederle la vista, “vete; tu fe te ha salvado,” (Mc 10:52). Los milagros no fuerzan a la persona que los recibe a que se convenza de que Dios está actuando por ella, sino que son para fortalecer la fe. Ellos no nos fuerzan a creer en Dios sino son destinados a provocar la fe de tal manera que podamos proclamar corporalmente que creemos en Dios.
Los milagros señalan hacia la realidad de Dios. Cuando un milagro ocurre y se atribuye a una persona en particular, el milagro debe de ser verificado por la iglesia. Esto no quiere decir que los milagros no suceden si la iglesia no los ha verificado. De cualquier modo, si alguien que está enfermo de cáncer terminal y a través de la intercesión de un santo particular o santo potencial se cura, la iglesia tiene que verificar esa curación. Se traen doctores que cuestionan e investigan para determinar qué ha sucedido. Los doctores puede que sean creyentes o no, o puede que sean Católicos o no; sin embargo, su tarea es investigar objetivamente si el milagro ocurrió.
Editora: Así que, ¿los milagros son obras de Dios pero pueden ser atribuidos a los santos?
Obispo Vásquez:
Sí. Cuando Jesús obra milagros en la Escritura, siempre lo hace por mandato de Dios. Dios realiza milagros, pero a través de la intercesión de diferentes santos creemos que Dios escucha nuestras oraciones. Oramos a los santos, y les pedimos que nos ayuden. De manera parecida en la que pediría a mis hermanos o hermanas que oraran por mí si estuviera enfermo o luchando con una situación difícil, puedo pedirle a los santos que oren por mí también. Los santos son gente que ha muerto pero quienes creemos que están vivos con Dios en el cielo. Por lo tanto, Dios les escucha. Cuando oramos a los santos, les pedimos que nos ayuden, les pedimos que pidan la ayuda de Dios por nosotros.
¿Podemos acudir directamente a Dios? Claro, pero los santos son nuestros amigos y parte de nuestra familia de fe y están orando por nosotros. Son amigos de Jesús y, claro, queremos que estén de nuestro lado cuando estamos luchando con enfermedades o dificultades en nuestras vidas. Cuando un milagro ocurre después de orar a un santo, debemos de recordar que es Dios quien realiza el milagro. Es el santo quien pide a Dios que nos conceda la petición; de cualquier modo, el santo no es quien concede el milagro.
Editora: ¿Qué tiene que suceder para que una persona sea nombrada santa(o) de la iglesia?
Obispo Vásquez:
De acuerdo al glosario del Catecismo de la Iglesia Católica, un santo es “el santificado que lleva una vida en unión con Dios a través de la gracia de Cristo y recibe la recompensa de la vida eterna”. Para ser nombrado(a) un santo(a) el proceso es largo y arduo. Existe una Congregación para las Causas de los Santos en el Vaticano que revisa los casos de hombres y mujeres, quienes a través de las épocas estuvieron cerca de Dios, realizaron buenas obras y fueron considerados santos.
La iglesia reúne testimonios y examina sus vidas y escrituras para determinar si estos hombres y mujeres son en realidad santos. Un caso para la santidad no puede ser abierto hasta que una persona haya muerto y entonces un postulador es asignado para iniciar la causa para la santidad y compilar la información necesaria para proceder. El primer paso en el proceso involucra el identificar a la persona en particular como Sierva de Dios. Si se determina que el Siervo de Dios ha tenido virtudes heroicas, entonces son nombrados Venerables por la iglesia. El próximo paso es la aprobación de un milagro atribuido a la intercesión del posible santo. Si un milagro es comprobado, entonces la persona es beatificada (y lleva el título de Beata). Después de que un segundo milagro se comprueba y con el consentimiento del papa, una persona se convierte en un santo oficial de la iglesia.
El documentar la vida de un santo potencial puede ser un proceso muy costoso y difícil. Muchos santos vienen de comunidades religiosas, con frecuencia por que esas comunidades en particular han podido proveer de los recursos y personal para ensamblar las causas para la santidad. Usualmente el proceso para la santidad conlleva años para completarse.
San Juan Pablo II es uno de los más recientes santos y su canonización fue única respecto a que sucedió de manera relativamente rápida. Muchos lo recuer-dan como yo lo hago, nuestro amado papa que nos sirvió de manera tan fiel de 1978 a 2005. Sobre la canonización de San Juan Pablo II, el Papa Francisco dijo, “San Juan Pablo II continúa inspirándonos. Él inspira con sus palabras, sus escritos, sus acciones, su estilo de servicio. Él nos inspira por el sufrimiento que soportó con esperanza heroica. Él nos inspira por la confianza total con la que se entregó a Cristo, el Redentor del hombre y a la Madre de Dios”. Por que él era un papa, había mucha documentación de su vida y sus escritos y dos milagros fueron documentados de manera rápida; por lo tanto, fue canonizado en 2014, únicamente 9 años después de su muerte.
En la celebración del Día de Todos los Santos (1ero. de noviembre), conmemoramos a todos los hombres y mujeres santos a quienes la iglesia reco-noce que se encuentran en el cielo con Dios. En nuestro Credo expresamos nuestra creencia en la Comunión de los Santos, esto es, nosotros creemos que la gente Cristiana en la tierra está unida a aquellos que se han ido antes de nosotros y están unidos a Dios en el cielo. Ellos continúan orando por nosotros que estamos aquí en la tierra mientras continuamos nuestro viaje con nuestros ojos fijos en la meta de –llegar al- cielo. Nuestro deseo es unirnos a ellos y estar con Dios por la eternidad.
Editora: ¿Cuál es su oración por todos nosotros mientras somos testigos de los milagros diarios en nuestras vidas?
Obispo Vásquez:
Los milagros diarios en nuestras vidas incluyen la belleza del día, la naturaleza a nuestro alrededor, la bondad y los actos de amabilidad de otros, el presenciar la llegada de vida nueva al mundo, y a los ancianos recibiendo cuidados con amor y devoción. Estas cosas son “ordinarias,” pero no podemos perderlas de vista por que comunican la presencia de Dios. Mientras somos testigos de estos “milagros” en nuestras vidas, sonríamos y agradezcamos a Dios y que ellos nos guíen a una fe más profunda y a compartir nuestra fe con otros.
Mi oración es que reconozcamos la mano de Dios en los eventos ordinarios que nos rodean. Que nos maravillemos ante el amor generoso de Dios por nosotros y que sepamos que está constantemente presente. Que nos corazones estén siempre agradecidos por toda la abundante bondad de Dios.