Entrevista: Poniendo fin a la violencia: Del dolor, a la oración, a la acción

Editora: Últimamente en nuestro país y en el extranjero hemos visto mucha violencia y odio ¿Cuál ha sido su respuesta personal hacia éstos eventos?
Obispo Vásquez: Al igual que muchos, me he sentido perturbado por los continuos actos de violencia que están tomando lugar en nuestro país y alrededor del mundo. Hemos visto muchas vidas tomadas con muy poca o ninguna consideración por la dignidad de seres humanos. El ver estas escenas en los medios ha sido devastador. En tiempos como éstos, comenzamos a preguntarnos dónde está Dios en todo este dolor. Nos preguntamos por qué la gente comete tales horribles actos. Nos preguntamos cómo nosotros mismos podemos evitar el responder con actos de violencia o dolor. Debo admitir que mi primera reacción a estos eventos trágicos es usualmente de dolor e incredulidad. Pero entonces volteo hacia la oración por que sé que éstos actos de violencia no definen a la humanidad. En tiempos como éstos, debemos voltear hacia Dios que es nuestra esperanza y nuestro refugio.
Un signo de esperanza es los memoriales que la gente crea para recordar las vidas perdidas en éstas tragedias. Flores, tarjetas de oración, cruces y notas expresando gratitud y apoyo hacia aquellos que han muerto y sus familias. Éstas son señales de la gente que se reúne con esperanza a pesar de la tragedia y la pérdida de vida. Existe un anhelo de Dios y de tratar de darle sentido de lo que parece violencia sin sentido. Este es un reconocimiento de que la dignidad de la persona humana es inviolable, y de que incluso en estos actos horrorosos, podemos llegar a un entendimiento más profundo de la dignidad de todos ser humano.
Editora: ¿Cuál cree usted que es el mejor curso de acción para los Católicos?
Obispo Vásquez: La oración nos da la fuerza para seguir adelante y actuar para cambiar la violencia en nuestra sociedad. Encontrando nuestra fortaleza en Dios, podemos entonces abrirnos a nosotros mismos al diálogo. Debemos alcanzar a nuestros hermanos y hermanas –líderes religiosos, funcionarios para la aplicación de la ley, diferentes organizaciones, oficiales electos y líderes cívicos, para que juntos podamos crear soluciones que pongan fin a la violencia.
Esto es un reto. El diálogo lleva tiempo y paciencia y voluntad de escuchar a otros. Tenemos que estar dispuestos a entender y a estar abiertos a diferentes puntos de vista. Cuando esto se hace de una manera respetuosa mutua, podemos entonces descubrir soluciones a los problemas subyacentes que generan la violencia. El racismo, la pobreza, la desigualdad, la inestabilidad económica, la salud mental y la violencia por armas son los temas más importantes a ser abordados. El encontrar soluciones a estos temas requiere que se involucren muchas personas y no puede confiarse a unos pocos.
Editora: ¿Cómo está la Iglesia Católica abordando estos temas y la reciente violencia?
Obispo Vásquez: La iglesia en nuestro país ha podido juntar a la gente y convocar a personas de diferente fe, antecedentes y etnicidades para que puedan abordar los temas. En respuesta a las más recientes tragedias, el Arzobispo Joseph Kurtz, presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos (USCCB por sus siglas en inglés), ha nombrado a una comisión especial para que ayude a las diócesis a lo largo del país a promover la paz y la sanación. Debemos unirnos para abordar estos temas. Debemos preguntar las preguntas difíciles: ¿Qué causa la violencia? ¿Cómo podemos responder a ello? ¿Cómo nos unimos con otros a fin de poder responder efectivamente?
El Arzobispo Kurtz ha invitado a todas las diócesis del país a unirse en un Día de Oración por la Paz en Nuestras Comunidades el día 9 de septiembre, festividad de San Pedro Claver. En ese día, celebraré Misa en la Parroquia de St. Austin en Austin a las 8:15 a.m. Todos están invitados.
San Pedro Claver es el patrón de las misiones africanas y de la justicia interra-cial. Él fue un jesuita misionero que trabajó con esclavos africanos que llegaban al Nuevo Mundo. Cuando un barco de esclavos llegaba a puerto, él inmedia-tamente acudía a los esclavos, dándoles comida y agua, cuidando a los enfermos e instruyéndolos sobre la fe y administrando los sacramentos. De hecho, él bautizó más de 300,000 esclavos.
También continuaremos nuestra serie mensual de discusiones llamadas Courageous Conversation on Race (Conversaciones Valientes sobre la Raza) organizadas por la Parroquia de Holy Cross en Austin, la Parroquia de St. John Neumann en Austin, Pax Christi Austin y la Oficina Diocesana de Vida, Caridad y Justicia y la Oficina de Católicos Negros. Estas sesiones comenzaron hace más de un año para discutir las causas del racismo. Todos están invitados a asistir a estas sesiones. Para mayor información, contacte a Johnnie Dorsey, director dio-cesano de la Oficina de Católicos Negros, llamando al (512) 949-2449.
En 1979, los obispos de Estados Unidos escribieron una Carta Pastoral sobre el Racismo, titulada “Hermanos y hermanas a nosotros”. La carta (la cual puede encontrarse, en español en http://www.usccb.org/issues-and-action/cultural-diversity/african-american/brothers-and-sisters-to-us.cfm) nos anima a reconocer que el racismo es maldad y un pecado que debe ser enfrentado.
“A nivel mundial, la Iglesia de hoy no es sólo de Europa y América; también es África, Asia, India, y Oceánica. Es el oeste, el este, el norte y el sur, negro y marrón, blanco y rojo y amarillo … Por lo tanto, dejen que la Iglesia proclame a todos que el pecado del racismo contamina la imagen de Dios y degrada la dignidad sagrada de la humanidad que ha sido revelada por el misterio de la Encarnación. Que todos sepan que es un pecado terrible que se burla de la cruz de Cristo y ridiculiza la Encarnación..Ya que el hermano y la hermana de nuestro hermano Jesucristo es hermano y hermana para nosotros,” declaran los obispos de Estados Unidos en la carta.
Por lo toanto, debemos ser proactivos en responder a estos actos de violencia que están sucediendo más seguido. Tal vez, hasta hace poco, habíamos visto la violencia como algo esporádico, pero ahora debemos tomar la iniciativa de unirnos con comunidades locales y vecinales para poner un alto a la difusión de más violencia ¿Qué estamos haciendo para ayudar a aliviar la pobreza en nuestros vecindarios? ¿Qué estamos haciendo para conocer a nuestros vecinos? ¿Qué estamos haciendo para hacer cambios en nuestro mundo? Nuestra fe cristiana nos invita a hablar contra la injusticia y la maldad. Cuando escogemos permanecer callados, nos arriesgamos a ser cómplices o a permitir que estos actos de maldad se presenten sin trabajar para cambiarlos.
Editora: ¿Cómo debe la gente responder en este tiempo, cuando la violencia, con frecuencia, engendra violencia?
Obispo Vásquez: Debemos de recordar que Cristo mismo sufrió la crucifixión, un acto brutal de violencia. Jesús escogió la no violencia en lugar de pelear contra aquellos que lo lastimarían y eventualmente lo matarían. Al final, a través del gran acto de amor de Cristo en la cruz, Él superó la maldad de la violencia. Con el mismo amor, nosotros también podemos superar la violencia y traer paz al mundo, pero esto sólo puede obtenerse a través del amor y el respeto por cada ser humano.
Debemos también de recordar el ejemplo de Martin Luther King Jr. de emplear las enseñanzas de Cristo para resisitir y contrarrestar los pecados sociales de prejuicio y discriminación racial. El Dr. King fue un hombre de una fe profunda y alguien profundamente inspirado por las enseñanzas de Cristo. Él también estaba comprometido con la no violencia. “La oscuridad no puede remover la oscuridad: sólo la luz puede hacer eso. El odio no puede remover el odio: sólo el amor puede hacer eso. La belleza de la no violencia es que en su propia manera y en su propio tiempo, busca romper la reacción en cadena de la maldad,” él escribió en 1967.
Editora: ¿Cuál es su oración mientras buscamos un mundo más pacífico?
Obispo Vásquez: Pido por que Dios toque nuestros corazones y los sane. Oro especialmente por aquellos que han sufrido una pérdida tremenda durante los recientes eventos trágicos. Oro por que Dios en verdad sane nuestras corazones, restore la dignidad de cada persona y nos ayude a trabajar juntos para construir una comunidad de paz, justicia y protección para todos. Mi oración es por que permanezcamos conscientes de nuestro papel para no solo dar la bienvenida, sino también acoger y ayudar a los extraños entre nosotros.