Vocaciones: Discernir la llamada al sacerdocio como una familia

Por Emily Hurlimann 
Columnista Invitada

Nuestro hijo nos dijo la noche de Navidad de 2013 que iba a terminar su primer año en la Universidad de Texas A & M, pero que también iba a aplicar a la diócesis como seminarista con la esperanza de entrar al seminario en el otoño de 2014. Jakob no nos preguntó si estaba bien hacer esto, o lo que pensamos acerca de este plan; ésta noticia era más como una convicción que compartía con nosotros esa noche. Aplicar para ser un seminarista fue lo que Dios le estaba llamando a hacer en ese momento mientras continuaba el viaje de discernimiento en el que había estado en los últimos cinco años más o menos. El viaje continúa hasta este momento mientras que Jakob comenzó recientemente su último año en el St. Joseph Seminary College (cariñosamente conocido como San Ben) en San Benito, Louisiana.
Aunque el anuncio fue una especie de sorpresa, sabíamos que esto era algo sobre lo que había estado aprendien-do y por lo que había estado orando durante años. Jakob había asistido a múltiples programas vocacionales en los últimos años: El Proyecto Andrés, un día de oración y aprendizaje para jóvenes de secundaria y preparatoria que quieran aprender más sobre la vocación del sacerdocio; Quo Vadis, un fin de semana para hombres de preparatoria discerniendo su vocación; Las Cenas de Discernimiento mensuales (reuniones separadas para preparatorianos, y para hombres de edad universitaria y mayores) para reunirse con sacerdotes y otros hombres que sienten el llamado al sacerdocio, para orar, compartir los alimentos y compartir en compañerismo; y el retiro para discernir del Corazón de Jesús para hombres. Esto último inclinó la balanza. Jakob asistió al retiro el fin de semana de antes de Navidad, y la noche de Navidad, la semilla que había sido plantada hacía muchos años, y alimentada por tantas personas a lo largo del camino, había establecido suficientemente fuertes raíces, tanto, que ya era hora de dejarla crecer.
Jakob no vino a nosotros dicien-do que iba a ser sacerdote; él vino a nosotros diciendo que quería entrar al seminario para poder aprender y discernir si esto era lo que Dios le estaba realmente llamando a hacer de forma más activa. Él estaba, y sigue estando, abierto a seguir la dirección de Dios a lo largo de este camino que puede conducir al sacerdocio, o que puede llevarlo a discernir su vida fuera del seminario, viviendo su vida adulta como un Católico más plenamente formado, un hombre soltero o casado. Como sus padres, nos quedamos encantados, orgullosos, un poco preocupados, junto con toda una serie de otras emociones. Mi marido Dan, un ingeniero, sin duda era práctico en sus primeros pensamientos. “¿No sería mejor seguir adelante y conseguir el título en ingeniería primero y luego ir a seminario?” Pero los comentarios de un compañero de mesa en su grupo de hombres de los jueves por la mañana ofreció un útil recordatorio: “Cuando Gabriel se apareció a María y le dijo que ella daría a luz al Hijo de Dios, ella no dijo ‘bueno, déjame pensar en ello’ o ‘quizá el próximo año’ o ‘no estoy lista para esto’ ... ella dijo ‘sí’”. Y en ese momento Dan se dio cuenta de que Jakob respondió al llamado de Dios con la misma fe, lo cual era algo bueno. Juntos hemos leído algunos buenos libros sobre descubrir una vocación al sacerdocio y continuamos orando diariamente por su discernimiento.
Mi perspectiva es un poco distinta a la de Dan. Recuerdo haber estado muy feliz por Jakob y sentirme complacida con el trabajo que habíamos hecho como sus padres, y agradecida por las muchas personas que a lo largo del camino le habían ayudado a formar su fe – su familia nuclear y extendida, las comunidades escolares Católicas de Holy Family y St. Dominic Savio, y muy especialmente a nuestra parroquia familiar de St. Vincent de Paul. Los sacerdotes, diáconos y seminaristas y los muchos parroquianos del pasado y presente que han apoyado a Jakob activamente, y su hermano Thomas también, al igual que tantos jóvenes, hombres y mujeres que habían contribuido con su crecimiento como la persona de fe que es hoy.
Pero también cuento con algo parecido a una visión interna del mundo de las vocaciones como empleada de la diócesis - específicamente como coordinadora de la Oficina Diocesana de Ética e Integridad en el Ministerio. En mi papel, he tenido frecuentes interacciones con muchos de los maravillosos sacerdotes que tenemos en nuestra diócesis. Soy privilegiada de que en ocasiones, ellos han compartido conmigo ambos, los gozos del sacerdocio, así como algunos de los retos que experimentan por medio de las interacciones con sus parroquianos, sus hermanos sacerdotes y otros aspectos de su sacerdocio. Desde mi perspectiva profesioinal, cuando los sacerdotes (o cualquier persona) están en un buen estado de salud – física, emocional y espiritual – entonces mi oficina tiene menos posibilidades de tener que ayudarles a abordar algún problema o situación. Así que ahora tengo ambas razones, profesional y personal para apoyar más activamente la formación de nuestros seminaristas y sacerdotes.
Como los padres de un seminaris-ta, ahora nos damos cuenta de la importancia de orar diario por nuestros seminaristas y nuestros sacerdotes. Oramos por nuestros seminaristas que han dicho “si” al llamado de Dios a discernir una vocación al sacerdocio, lo cual es un discernimiento diario en un camino muy largo (con frecuencia un proceso de siete u ocho años). Necesitan muchas oraciones, y también sus familias mientras aprendemos a apoyar a nuestros hijos en su formación. También debemos orar por nuestros sacerdotes; agradeciendo a Dios por que estos hombres res-pondieron al llamado al sacerdocio y por su dedicación al ministerio. Tratamos de reconocerlos en persona también – al reconocer aniversarios de ordenación, celebrar el Domingo del Sacerdocio (30 de octubre, este año), cuando una homilía en particular mueve nuestros corazones o cuando un programa parroquial nos nutre.
Somos bendecidos de tener un buen número de vocaciones en nuestra diócesis – 44 hombres en formación al sacerdocio para la diócesis este año y aproximádamente 48 mujeres y hombres de la Diócesis de Austin están en formación en órdenes religiosas a lo largo del país.
¿Cómo pueden los padres ayudar en nuestros hogares a fomentar las vocaciones? Probablemente la cosa más simple que hicimos en nuestra familia fue conocer a los sacerdotes y seminaristas que servían a nuestra pa-rroquia en los últimos años. Ya sea en una comida o en eventos parroquiales, pasamos un tiempo aprendiendo sobre sus familias, sus recorridos vocacionales y lo que les gusta hacer en su tiempo libre. También hablamos con nuestros hijos sobre tener en cuenta el sacerdocio como una opción cuando se hablaba de “oportunidades profesionales”. Y rezamos en familia por las vocaciones. Nuestra iglesia necesita muchos hombres y mujeres santos que estén abiertos al llamado de Dios para servir como sacerdotes, religiosos, religiosas, diáconos y hermanos - y creo que Dios nos está llamando a todos nosotros a ayudar a mantener nuestras vocaciones en la diócesis. Si conoce a un hombre o una mujer joven (o no tan jóvenes) que podrían ser un buen sacerdote o hermano o hermana religioso, dígaselos. Muchos seminaristas en sus historias incluyen el hecho de que otros les señalaron su vocación a ellos antes de que ellos mismos quizás la reconocieran, y comentan lo mucho que esto les animó. Si su hijo viene a usted expresando un deseo de explorar una vocación, le animo a escucharlo y a buscar el apoyo y la información de la Oficina de Vocaciones diocesana.
Nos dimos cuenta al inicio de este viaje que no se trata de lo que nosotros queramos para el futuro de Jakob, ni siquiera se trata de lo que Jakob quiere para su futuro. Tal como muchos sacerdotes actuales atestiguan, este llamado a discernir una vocación al sacerdocio se trata de lo que Dios quiere para el futuro de Jakob. Y así continuamos orando por sabiduría y gracia para escuchar su llamado claramente.
Para mayor información sobre vocaciones en la Diócesis de Austin, visite www.austinvocations.com o llame al (512) 949-2430.