Encuentro: Reflexiones sobre convertirse en la voz profética de América

Por el Padre Bruce Nieli, CSP
Columnista Invitado

Tal como la Secretaría de Diversidad Cultural en la Conferencia Episcopal de Estados Unidos declara: “El V Encuentro es un proceso de cuatro años de reflexión eclesial y evangelización que invita a todos los Católicos en los Estados Unidos a intensificar la actividad misionera, la consulta, el desarrollo del liderazgo, y la identificación de las mejores prácticas ministeriales en el espíritu de la Nueva Evangelización”. Nótese la inclusión de “¡todos los Católicos!”
El primer objetivo del V Encuentro es “llamar a todos los Católicos en los Estados Unidos a convertirse en 
misioneros discípulos auténticos y gozosos que dan testimonio del amor de Dios con una voz profética en una Iglesia culturalmente diversa”.
El V Encuentro se trata de acoger a todos. Su llamado hace eco de aquél hecho por el Papa Francisco, quien, en las primeras frases de su Exhortación Apostólica “El Gozo del Evangelio,” exclama, “el Gozo del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Aquellos que aceptan su oferta de salvación son liberados del pecado, la pena, el vacío interior, y la tristeza… Deseo alentar a los fieles Cristianos a embarcarse en un nuevo capítulo de evangelización marcado por este gozo, al tiempo que señalan nuevos caminos para el viaje de la Iglesia en los próximos años”.
Aquí en el Centro de Texas reconocemos esas frases iniciales del Santo Padre como las 
palabras que introducen nuestro Plan Pastoral diocesano, “Encuentro que 
Lleva a la Transformación”. Note la palabra común “encuentro” – nuestro Plan Pastoral diocesano, el V Encuentro y todo el pontificado del Papa Francisco proclaman la “Nueva Evangelización,” conectando nuestro “encuentro” con Jesús con nuestra conversión en “misioneros discípulos” llenos del Espíritu.
Mi primer “encuentro” con el Jesucristo vivo ocurrió en los brazos de mi madre Vivian, cuando, como un niño pequeño asmático, la escuchaba cantarme una canción que aprendió como una niña evangélica: “¡Sí, Jesús me ama, la Biblia me lo dice!” Supe por esas palabras, cantadas con maternal afecto, que yo era amado por Jesús y que estaría bien. La música interna del Espíritu Santo ha sido mi consuelo por toda mi vida. Yo trazo mi vocación como un sa-cerdote Paulista hasta ese encuentro y me considero un misionero discípulo.
Como tal, he participado en el Movimiento del Encuentro desde sus inicios en 1972, hasta el día presente. El movimiento ha dado la bienvenida a cuatro grandes asambleas de líderes Católicos hispanos (en 1977, 1985 y 2000 con una adicional, y altamente exitosa reunión de Jóvenes y Jóvenes Adultos en la Universidad de Notre Dame). El Encuentro ha incorporado procesos detallados de formación y seguimiento, antes y después de cada evento. El V Encuentro incluirá el desarrollo del liderazgo de la parroquia entre enero y julio de 2017, una asamblea de Encuentro diocesana en el otoño de ese año, un Encuentro regional a principios de 2018, y un Encuentro Nacional en Grapevine en el otoño de 2018. La formación continua en la evangelización continuará hasta el año 2020.
Una de las principales razones por las que ponemos énfasis en los hispanos/latinos, es por que ellos están rápidamente convirtiéndose en la mayoría de los Católicos en los Estados Unidos, excediendo ya el 40 por ciento y más del 60 por ciento de aquellos menores de 35 años. El ministerio de jóvenes y adultos jóvenes en nuestra iglesia es grandemente hispano con más del 65 por ciento de Católicos en nuestra propia diócesis siendo latinos ¡Los números nos llaman a la acción!
Pero también estamos llamados a acompañar a nuestros hermanos y hermanas hispanos en solidaridad con su movimiento, similarmente a cuando fuimos llamados para acompañar a nuestros hermanos y hermanas negros durante el Movimiento de los Derechos Civiles en los años 1950s y 1960s.
Lo que caracteriza el movimiento del Encuentro entero es una pasión de afirmar a los hispanos/latinos como una voz profética para la evangelización, la solidaridad intercultural, la construcción de la comunidad y la sa-nación de una incrementalmente pola-rizada nación. San Juan Pablo II, en su discurso de la Plaza Guadalupe de San Antonio, en 1987, habló de la herencia hispana del Suroeste como “muy importante para la iglesia. El español fue el lenguaje de los primeros evangelizadores de este continente, precisamente en esta región”. Él retó a los latinos, “es su turno para ser evangelizadores, de cada uno y de todos aquellos cuya fe es débil o que no se han entregado a si mismos al Señor ¡Que ustedes no sean menos celosos en la evangelización y en el servicio Cristiano que sus antecesores!” Hagan de cada parroquia, él los urgió, una “familia de familias”.
Aquí en la Diócesis de Austin ya hemos experimentado, en una manera dramática e histórica, el poder de la voz hispánica profética. En 1957 jóvenes latinos introdujeron el Movimiento Cursillista a los Estados Unidos en la Parroquia de St. Francis en Waco ¡El subsecuente impacto en la iglesia más amplia fue sorprendente! Del Cursillo vino la experiencia de la comunidad Cristiana pequeña y entonces movimientos como ACTS (Adoración, Comunidad, Teología y Servicio, por sus siglas en inglés), CRHP (Cristo Renueva Su Parroquia, por sus siglas en inglés), TEC (Adolescentes/Juntos Encuentran a Cristo, por sus siglas en inglés), los retiros del despertar y muchos más.
Lo que los hispanos siempre han traído y continúan trayendo a la iglesia y la sociedad es el espíritu evangelizador de Nuestra Señora de Guadalupe, Madre de América. Su imagen ha sido llevada por la gente indígena en su lucha por la libertad, por César Chávez y su Unión de Campesinos en su lucha por sus derechos laborales, por inmigrantes y refugiados, miembros de una iglesia sin fronteras y por quienes intervienen por la vida, orando y asesorando frente a las clínicas de aborto para salvar las vidas de niños inocentes.
Hace cincuenta años, traje una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe para mi madre evangélica, Vivian, de la Basílica en la Ciudad de México, la cual fue erigida en el sitio en el que Nuestra Señora se apareció hace siglos. 
Quince años más tarde recibí a mi madre en la Iglesia Católica, y considero que ello no es coincidencia. Como escribió San Pablo en 1999, “A través de su poderosa intercesión, el Evangelio penetrará los corazones de hombres y mujeres de América y permea sus culturas, transformándolos desde adentro”.
Acompañemos a nuestros hermanos y hermanas hispanos al hacer que esto suceda para nuestra nación entera.