Sanando a nuestra nación dividida

Por DeKarlos Blackmon

Los medios de comunicación nos presentan con demasiada frecuencia la división que vive nuestra nación. La gente está sufriendo y tiene miedo. Aunque puede ser tentador ignorar esta consternación y este temor por el futuro que algunas personas expresan, tenemos el reto de encontrarnos entre nosotros de tal manera que partamos los muros que nos dividen y caminemos juntos en la esperanza, no en la desesperación. Nuestros obispos, Mons. Joe Vásquez y Mons. Daniel Garcia, en sus homilías, entrevistas y otro tipo de correspondencia, siempre nos recuerdan la gran responsabilidad que tenemos el uno con el otro, nuestra vida en comunidad, y nuestro papel en hacer que el mundo sea un lugar mejor.
San Pablo, en la segunda epístola a Timoteo, habló de la realidad de los cristianos en la sociedad secular. Exhortó a toda la iglesia a orar por los líderes del gobierno. Debemos recordar que estamos llamados a vivir siempre nuestras vidas y la de Cristo. Independientemente de cuáles sean sus tendencias políticas o partidistas, los cristianos tienen que exudar bondad y expresar respeto y dignidad hacia toda persona humana. 
Que tengamos siempre ante nosotros la realidad cierta de que Cristo vino como mediador para el bien de la raza humana. Cristo se dio a sí mismo como rescate por todos: usted, yo, y la gente que no se parece a nosotros, y que puede no estar de acuerdo con nosotros. Es por esto que debemos orar unos por otros, y por eso debemos orar pidiendo la sanación en nuestro país. Debemos usar nuestras palabras y acciones para construir las personas y las diversas comunidades entre nosotros.
Ahora que comenzamos una vez más a sanar y unir a nuestra nación, sigamos pidiéndole a nuestro Dios sabiduría y justicia, virtudes por las que se administra la autoridad justamente, para así dar consejo y fortaleza a todos los gobernantes. Sigamos, de acuerdo con la instrucción dada en la primera epístola a Timoteo, orando por nuestra nación y todos los que están en puestos de autoridad (2, 1-3).