10 cosas que debemos saber sobre Nuestra Señora de Guadalupe

Por El Padre Clodomiro L. Siller Acuña

Casi siempre, lo que sabemos sobre los encuentros de San Juan Diego con Nuestra Señora Maria de Guadalupe es lo que nos ha contado nuestra mamá, lo que nos enseñaron en la catequesis, o que platicamos con otras personas.
Sin embargo, cuando uno en su lengua original lee el texto conocido como Nícan Mopóhua (Aquí se narra) se da cuenta que lo que allí se dice es muy rico y profundo. El contenido de esas narraciones es muy importante para todos los católicos pero en especial para los católicos en este contiene: América. 
Aquí nos referiremos sólo a diez cosas que nos ayudan a profundizar lo que el evento guadalupano significó para la evangelización de nuestro continente.
La narración está escrita en la lengua de los nativos: Náhuatl y según la cultura y tradición religiosa del pueblo indígena de México. En ocasiones se pone alguna palabra en español y hasta en latín. Esto se hace para ayudar al Obispo, a los sacerdotes y los cristianos mestizos o europeos a comprender mejor la historia y su mensaje. 
Los encuentros de San Juan Diego con la Virgen comienzan con un análisis de la realidad social: Diez años después de tomada la Ciudad de México, están por todas partes dispersos los habitantes. Nuestro Dios es un Dios que se encarna en la historia de su creación. Emanuel: Dios entre nosotros. 
Primero se habla de San Juan Diego como Kun campesino de por allí (nicnotlapalzíntli), pero la Virgen lo llama Juantzin Juan Diegotzin, que en náhuatl le da altísima dignidad, como la que tiene la Virgen, Tonantzin. Maria de Guadalupe reconoce la dignidad intrínseca de San Juan Diego, cuando los indígenas mexicanos eran considerados menos, incluso sin alma humana. 
El evento es un encuentro con Dios, cuyo principal símbolo es el Sol. Comienza cuando está amaneciendo, y San Juan Diego está mirando hacia donde sale el sol. La Señora resplandecía como el sol, que también aparece en su imagen.
 Para los indígenas la verdad la expresa flor y canto (in xóchitl in cuícatl). Todo comienza en medio de cantos de diferentes pájaros, y termina con las flores que San Juan Diego le lleva al Obispo. Todo lo que se narra en la historia del Tepeyac es verdad.
La Virgen de Guadalupe cambia la realidad: por su resplandor las flores parecen como joyas preciosas, y las piedras del monte parecen como de oro. El encuentro con Dios transforma. 
La evangelización guadalupana se encarna en la religión de los indígenas, se realiza el cerro del Tepeyac, donde antes los habitantes le daban culto a Dios como Madre: Tonantzin. Allí le han de construir su templo. La Virgen trae una buena noticia, ella quiere: Oír y remediar todas sus angustias, miserias, penas y dolores; mostrar y dar todo su amor, compasión, auxilio y defensa. Ella trae el mensaje de su Hijo Jesucristo a estas tierras precisamente cuando más se necesitaban ante la obscuridad y muerte de la conquista del nuevo continente por los europeos. 
Esa evangelización que quiere la Virgen es pluricultural, será para todos los habitantes de estas tierras y para los demás que me invoquen y en mi confíen.
Maria de Guadalupe elige a un pobre, que todos pisotean (escalerilla), al que tienen esclavizado (amarrado), al que consideran la basura del pueblo, como su mensajero. Para que él, en vez de los muchos mensajeros que tiene Maria en la Iglesia institucional, sea quien comunique su mensaje al Obispo, quien no cree nada a San Juan Diego, sino hasta que presencia el milagro de la Imagen. 
La evangelización guadalupana se realiza como los indígenas vivían su religión. Los indígenas creían que la humanidad se encuentra con Dios para colaborar con Él. Por eso San Juan Diego, cuando su tío enferma de muerte, no le pide a la Virgen que lo sane como ella había prometido, sino que él colabora con el plan de la Virgen. Al ver el compromiso de San Juan Diego, la Virgen cura a su tío. Ella se le aparece al tío, y probablemente le dice que quiere que la llamen Tecoatlaxúpe (La que surge de la historia, La que surge de Quetzalcóatl), encarnando el cristianismo en la tradición religiosa y teológica de los pueblos indígena. Los españoles habrán entendido Guadalupe, como actualmente la conocemos.
Esta evangelización guadalupana fue muy eficaz, pronto se difundió a otros países, logrando la conversión al cristianismo de muchos pueblos originarios. La evangelización guadalupana es ejemplo de evangelización perfectamente inculturada (Juan Pablo II). Debemos retomar su método para evangelizar eficazmente Es por ello que Maria de Guadalupe es la estrella de la nueva evangelización. El evangelio debe encarnarse en la realidad de los que lo escuchan, Dios nos ama primero y sale a nuestro encuentro hoy, liberándonos, enviándonos y santificando nuestras vidas. 
El Padre Clodomiro L. Siller Acuña, autor de este artículo predico un retiro para danzantes, matachines y concheros en la diócesis el pasado 8 de Octubre.