Salgamos de nuestras zonas de confort para vivir en la solidaridad

Por Sara Ramirez
Caridades Católicas del Centro de Texas 

En una sociedad en la que muchas personas encuentran su identidad en función de su religión, lengua, educación o nacionalidad, el concepto de solidaridad, uno de los temas centrales de nuestra enseñanza social católica, puede ser difícil de comprender, y mucho más de vivir. 
A medida que avanza el tiempo de Adviento, tiempo de esperanza, durante el cual anticipamos tanto el nacimiento histórico de Jesús como su segunda venida, hay que recordar que Jesús vino y murió por todos, sean cuales sean nuestras diferencias de nacionalidad, raza, etnia, económicas e ideológicas.
La vida de Cristo, desde su inicio, es un ejemplo para nosotros de cómo vivir en solidaridad con nuestros hermanos y hermanas con quienes compartimos similitudes y diferencias. Cuando era un bebé, fue visitado por los pastores procedentes de sus campos, así como por unos magos de Oriente que llevaban regalos finos. Personas de diferentes regiones y diferentes formas de vida, uniéndolos entre sí.
Luego, en su ministerio, cuando un maestro de la ley lo presionó para que dijera cuál era el más grande de los mandamientos, Jesús orientó la pregunta a la Ley de Moisés, que manda el amor de Dios y el amor al prójimo. “¿Y quién es mi prójimo?”, pregunta el maestro (Lc 10, 29). Jesús responde con la parábola del Buen Samaritano, la historia de un hombre que, contra todas las normas sociales, rompió barreras para dar su bondad a una persona en necesidad. Se nos enseña a hacer lo mismo.
En Caridades Católicas, tomamos en serio esta responsabilidad. De hecho, estos mandamientos más grandes, el amor de Dios y el amor al prójimo, son la base de nuestra misión: Gente de fe que sirve a cualquier persona en necesidad, fortaleciendo a las familias y promoviendo el respeto de la dignidad humana y de la vida. 
Gente de fe, ese es el amor de Dios. Sirviendo a cualquier persona en necesidad, es el amor a nuestro prójimo. Y no sólo a nuestro prójimo que se parece a nosotros, piensa como nosotros o vive cerca de nosotros, sino a cualquiera que lo necesite. Servimos sin distinción de raza, religión, edad, género, capacidad o nacionalidad. Servimos porque reconocemos que cada persona humana en todos los rincones de la sociedad está hecha a imagen y semejanza de Dios, y que este reconocimiento nos impulsa a la acción. Somos una sola familia humana, un solo Cuerpo de Cristo y la Iglesia una, santa, católica y apostólica.
Cuando practicamos la solidaridad, estamos difundiendo el amor de Cristo en el mundo para que otros puedan llegar a conocerlo. Cuando un amigo invitó a Laila a Caridades Católicas, ella no quería a venir, sin saber si su fe islámica le impediría recibir los servicios. Su amiga le aseguró que estábamos dispuestos a ayudar sin lugar a dudas. Laila se inscribió en el Gabriel Project Life Center para obtener la educación y el apoyo necesarios durante todo su embarazo y los primeros meses de vida de su hija.  Laila celebró el primer cumpleaños de su hija compartiendo un pastel con el personal de Caridades Católicas. Escritas en el pastel estaban las palabras, “Gracias, iglesia”.
Laila reconoció en nosotros lo que significa ser el cuerpo de Cristo. “Los que reciben la Eucaristía se unen más estrechamente a Cristo. Por ello mismo, Cristo los une a todos los fieles en un solo cuerpo: la Iglesia” (CIC 1396). 
En este Adviento, mientras nos preparamos a la venida de Cristo, desafiémonos a nosotros mismos a dar vida a las enseñanzas de la solidaridad en nuestra vida cotidiana. Demos un paso para salir de nuestra zona de confort y acoger a los que proceden de diferentes comunidades. El almuerzo y gira mensual CC101 es la oportunidad perfecta para venir a ver las Caridades Católicas y nuestro trabajo de vivir el Evangelio en solidaridad con todos nuestros hermanos y hermanas. Más información en www.ccctx.org/get-to-know-catholic-charities.