Misa y caminata en apoyo a la santidad de la vida humana

Por Enedelia J. Obregón
Corresponsal

Los fieles llenaron las bancas de la Parroquia de St. Vincent de Paul en Austin para la Misa de Acción de Gracias por el Regalo de la Vida Humana. Más tarde, ese mismos día, muchos marcha-ron hacia el Capitolio en apoyo a la vida en la Marcha por la Vida de Texas.
El Obispo Auxiliar, Daniel E. García fue el principal celebrante y quien dio la ho-milía durante la Misa del día 28 de enero; el Obispo José Vásquez concelebró.
En su homilía, el Obispo García dijo que la gente debe continuar defendiendo la dignidad de la vida humana desde el momento de la concepción hasta la muerte natural sin importar retóricas ni protestas.
“Es fácil desilusionarse con lo que vemos y experimentamos,” dijo. “Los invito a todos a no desanimarse, a no perder la fe”.
Él hizo énfasis en el Evangelio del día, de Marcos 4:35-41, en el que Jesús calma la tormenta mientras cruza el mar con sus discípulos.
“Necesitamos escuchar las palabras de Jesús mientras que el bote era azotado,” dijo el Obispo García ¿Por qué tienen miedo? ¿No tienen fe?”
Él dijo que no es realista el pensar que aquellos que defienden la vida humana no serán objeto de pruebas.
“Sentiremos que nuestro bote es azotado,” dijo.
El Obispo García también hizo notar que la primera lectura de Hebreos 11:1-2, 8-19, hablaba de la fe.
“La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve,” dijo. “Eso es lo que permitió a Abraham obedecer a Dios y caminar hacia la tierra des-conocida y dar a luz a una nación.
“Ustedes y yo estamos llamados a defender la vida en todas sus formas,” continuó. “La vida es frágil. Irreemplazable. Lo sabemos cuando levantamos en brazos a un recién nacido y lo miramos a los ojos; lo sabemos cuando sostenemos la mano de una mujer o un hombre anciano luchando por encontrar significado mientras que sus cuerpos les fallan”.
El Obispo García dijo que la fragilidad de la vida humana nos invita a todos a hacer todo lo que podamos por sostenerla, nutrirla y protegerla “tal como Dios lo hace”.
“Nunca debemos de perder de vista la interconectividad entre nosotros,” dijo. Esto significa que nos importe la realidad de la pobreza, el hambre, de quien no tiene qué vestir, de quien está sólo, de aquellos que viven en medio de la violencia en nuestra comunidad al igual que de los inmigrantes y los refugiados.
“Ninguna vida tiene un valor inferior,” dijo. Esto incluye a los recién nacidos, los que no tienen hogar, los inmigrantes y los refugiados quienes buscan ser vistos como personas.
En la Marcha por la Vida, gente de diferentes denominaciones caminó a través de las calles del centro de Austin hacia los escalones del lado sur del Capitolio Estatal para asistir a una reunión.
Verónica Castillo de la Catedral de St. Mary en Austin dijo que ella quería levantarse por su fe.
“Creo en la vida,” dijo.
Claudia Balleck de la Parroquia de St. Therese en Austin quería convivir con otros que también apoyan la vida.
Marti Robertson de Liberty Hill que asiste al Northwest Fellowship en Austin, pero fue criada en la fe Católica, estaba ahí por una razón personal. Ella cargaba un cartel que decía “Me arrepiento de mi aborto.” Una mujer le pidió usar su cartel mientras que un amigo la fotografiaba.
“Esa soy yo a los 17 años,” dijo Robertson “Soy primera generación de italiano-americanos. Estaba segura de que mi padre me mataría en 1977. No creo que lo hubiera hecho. Pero tomé mi decisión”.
Robertson dice que guardó esa experiencia bajo llave en una caja en lo profundo de su memoria y continuó con su vida.
“Pero, simplemente, no puedes continuar,” dijo.
En 1984, ella comenzó a asistir a una iglesia  que apo-yaba a un centro para embarazos en crisis. Ella comenzó a entrenarse como voluntaria, y un día, leyeron del libro de los Romanos, “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito”.  
“Pensé ‘esto no,’” dijo. “Pero sí, incluso eso”.
Robertson dijo que la mujeres con frecuencia tienen más dificultad perdonándose a si mismas que perdonando a otros que han hecho lo mismo.
Ella es ahora un consejero de banqueta y ora en centros de aborto.
“¡Qué grande es su compasión,” dijo Robertson. “Sus pensamientos no son nuestros pensamientos y sus maneras no son nuestras maneras. Pero él perdona y sana”.
El Proyecto Raquel es un ministerio diocesano compasivo y confidencial para cualquier persona afectada por el aborto. Para mayor información, comuníquese a la Oficina de Cuidado Pastoral de la Diócesis con Mary Helen Russell, llamando al (512) 949-2488 o a maryhelen-russell@austindiocese.org.