Asuntos Sociales: Encuentro: Unidad y diversidad

Por DeKarlos Blackmon
Columnista

Como un ex liturgista, disfruto de explorar la antigua pregunta sobre  cómo  personas de varias culturas y tradiciones pueden rendir culto divino juntos en comunidad sin perder identidad cultural. Cumplir con las necesidades de los fieles, sin disminuir la integridad de la liturgia, requiere tener seria consciencia del pluralismo cultural en América. El resto algunas veces es ilustrar a los fieles cómo es que pue-den encontrar consuelo y relevancia en nuestra sagrada tradición de 2000 años en sus vidas sociales y políticas. La atmósfera socio política de la sociedad americana es culturalmente plural; muchas culturas no sólo coexisten, sino que también comparten sus respectivas costumbres de manera cros-cultural. 
El Padre Jesuita Allan Deck nos recuerda que el movimiento por los Derechos Civiles de hace más de un siglo elevó la consciencia de la gente americana sobre la importancia de la “identidad étnica y el orgullo”. A través de los años, la sociedad americana se ha concientizado más sobre las diferencias étnicas.  Por que la fe no existe fuera de la cultura, existe una necesidad más grande de tolerancia entre las diferentes culturas. Estamos unificados en la Iglesia Católica, y tenemos una Misa, celebrada dentro de diferentes culturas.
En la iglesia, por virtud de la comunión entre nosotros en Cristo, el “extraño” (o la gente que puede que no se vea como nosotros) debe siempre de tener un hogar donde quiera que los fieles se encuentren. La comunidad parroquial, donde sea que se encuentre, debe reflejar el segmento de sociedad en el que está localizada.
John McGreevy explica en “Los Límites de la Iglesia” que mientras que las comunidades de fe urbanas Protestante y Judía en el norte de U.S. se relocalizaron para evitar la llegada de afro americanos del sur, la Iglesia Católica “fue inamovible”. Mientras que otras comunidades de fe puede que se hayan ido del área, fueron las parroquias Católicas las que permanecieron para cuidar del “extraño”. Como seres sociales, los Católicos no pueden escapar a la innegable realidad del llamado de la iglesia a servir, mostrando misericordia y amor, ya que todos necesitamos de la misericordia del Señor. Estamos llamados a contribuirnos a nosotros mismos individualmente y colectivamente no sólo por mutua exclusión, sino por igualdad en dignidad.
El V Encuentro sirve como una bendición única para nuestra iglesia diocesana. Mientras que el principal objetivo del V Encuentro es discernir maneras en las cuales la iglesia en Estados Unidos puede responder de mejor manera a la presencia hispana/latina, y para fortalecer las maneras en las que los hispanos/latinos responden al llamado de la Nueva Evangelización como discípulos misioneros sirvien-do a la iglesia entera, cada uno de nosotros tienen una responsabilidad de comprometerse con nuestros hermanos y hermanas hispanos en una manera que fomente nuestra unidad en diversidad. Esto está íntimamente relacionado al reto del Evangelio, el cual ha sido siempre el mismos, “que todos sean uno”.
Mientras uno examina el verdadero concepto de iglesia, debemos considerar siempre la unidad y la diversidad. San Pablo dice de manera sucinta en Gálatas, “Ya no hay diferencia entre judío y griego, entre esclavo y hombre libre; no se hace diferencia entre hombre y mujer, pues todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús”. (Gal 3:28). Somos la gente de Dios; somos la familia de fe. Llevemos adelante un encuentro que dé frutos a partir del reto del Evangelio: ¡Que todos sean uno!
Para mayor información sobre el V Encuentro, visite www.austindiocese.org/offices-ministries/offices/hispanic-ministry-office/v-encuentro.