La hospitalidad, la buena música son importantes en cada Misa

Por Enedelia J. Obregón
Corresponsal 

En un esfuerzo de ayudar a aquellos sirviendo en los ministerios musicales en las parroquias, la Diócesis de Austin fue anfitriona de la 10ma. Confe-rencia de Músicos Pastorales Hispanos.
La conferencia de tres días que se llevó a cabo en la Preparatoria St. Dominic Savio, fue patrocinada por la Conferencia Litúrgica del Suroeste y se enfocó en el tema, “Misa, Música y Misión: Cantando la Buena Nueva”.
Los participantes asistieron a talleres tales como “El Año Litúrgico y los cantos que Acompañan los Tiempos,” “Recursos de Música Litúrgica: ¿Dónde encontramos la música apropiada para cada celebración?” y “No todo lo que se canta es litúrgico”.
El Obispo José Vásquez envió a los músicos al servicio al final de la conferencia.
“Cuando regresen a sus comunidades necesitan compartir lo que han aprendido,” dijo el Obispo Vásquez. “Si no se comparte, lo que se les ha dado aquí no rinde beneficio”.
El Padre James Burkart, Presidente de la Comisión Litúrgica para la Arquidiócesis de Galveston-Houston y miembro de la mesa directiva de la Conferencia Litúrgica del Suroeste, recordó a los asistentes que la tradición musical de la iglesia es “un tesoro invaluable que sobresale entre todas las otras expresiones artísticas” y es una “parte integral de la liturgia”.
La conferencia abrió con “El Canto de la Buena Nueva: María de Guadalupe y la Iglesia” por parte del Padre Juan J. Sosa de la Arquidiócesis de Miami, quien es también un miembro del Subcomité para la Liturgia Hispana de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.
El Obispo Auxiliar, Daniel E. Garcia de la Diócesis de Austin proveyó de una revisión de los antecedentes teológicos detrás de “La Misa, Misal Romano e Instrucción General,” la cual sirve como la base para el uso de música en lo vernáculo desde el Concilio Vaticano Segundo.
“La música no es algo que sólo el sacerdote hace,” dijo el Obispo Garcia. “Decimos ‘vamos a Misa’ como si fuéramos observadores. ¡No! Ustedes y yo estamos llamados a estar alertas y activos, tanto interna como externamente. Cada uno en la asamblea tiene un papel que desempeñar. Tenemos respuestas. Tenemos diálogo y silencio”.
En el canto, dijo, estamos llamados a alabar y a expresar aquello en lo que creemos. La música del coro ayuda a llevarnos a una mayor profundidad en la liturgia y debe animar a aquellos reunidos a participar en el culto divino, a su vez, no debe sustituir la voz de la asamblea.
Peter Kolar, editor en jefe de Recursos Hispanos para World Liturgy Publication, presentó un plenario de dos partes sobre “Música en la Sagrada Liturgia”. La primera parte se enfocó en “¿Quién Canta y Porqué?” y la segunda sobre “Es Justo y Necesario (Cantar)”.
“Todos aquí son minis-tros,” dijo. “Eso significa servir y guiar. Aquellos en el ministerio musical necesitan servir en ministerio a la asamblea con hospitalidad y formación”. Él preguntó, ¿Damos la bienvenida a aquellos en la asamblea? ¿Cómo mostramos esa hospitalidad? ¿Aprendemos la música y la enseñamos a la asamblea para ayudarlos en su fe?
Él explicó la importancia de la música en el diálogo, las aclamaciones y los responsorios. Algunas veces, él dijo, el silencio es mejor que una respuesta musical porque permite a la asamblea meditar sobre lo que acaban de escuchar o en lo que acaban de participar o prepararse para aquello en lo que están a punto de participar o a punto de escuchar. 
Esa música debe expresar la comunidad en comunión con Jesús y nuestros esfuerzos para ayudarnos mutuamente a vivir nuestra fe.
Kolar recordó a los músicos que el “don de la voz humana es el más privilegiado y fundamental” para el culto divino.
“Los instrumentos musicales son una extensión y soporte para el instrumento principal – la voz,” dijo. Por lo tanto, coros y músicos deben escoger música que sea simple y que pueda ser cantada por la asamblea que puede que no sepa cómo leer música y por lo tanto, necesite melodías simples.
El Obispo Felipe J. Estévez, obispo de la Diócesis de St. Augustine en Florida, se enfocó en el “Discipulado Ministerial”. Este discipulado requiere misioneros para evangelizar a otros. Esto comienza en la Misa.
“No puedes ser un discípulo sin también ser misionero,” dijo el Obispo Estévez. “Esas dos palabras van juntas”.
“Necesitamos regresar al primer encuentro con los primeros discípulos,” dijo. “Desde ese momento, la vida no es la misma. Ese encuentro cambia la vida para siempre debido a la transformación del corazón. No es sólo individual. No soy solo yo. Es nosotros. Nos convertimos como una comunidad”.